Parece más una burla que una solución parcial. Mejor hubiera sido dejar las cosas como están desde hace años y años, porque ofrecerle a una comunidad que le pavimentarán solo uno de los 29 kilómetros de su carretera principal es un desatino en todo sentido.
Pero lo es más ratificar hoy lo que se prometió ayer, así, sin cuestionar, sin siquiera detenerse a pensar que cualquier dinero que se invierta en una obra así es perdido, Es como echarlo a la basura.
Ese kilómetro, obvio, le parece a la alcaldesa de Ragonvalia, Neyda Latorre, algo así como el sombrero del ahogado, lo único rescatable y, por lo mismo, una especie de premio de consolación que, a la larga, ni es premio ni consuela. Por el contrario, genera desazón, malestar, ira por lo que parece tener de broma.
La carretera entre Ragonvalia y Chinácota es tan importante que sin ella la integración departamental estaría hecha añicos, más de lo que está por razones que van desde lo natural hasta lo político, pasando, obvio, por lo económico.
Que a Ragonvalia se pueda ir por Villa del Rosario no hace diferencia en lo relativo a la necesidad de integrar a esa población y a la frontera con Chinácota y Pamplona y otras poblaciones vecinas y mucho más afines cultural y socialmente.
La idea del exgobernador Édgar Díaz no solo parece sino que es un chiste malo, inoportuno, insoportable, ofensivo y discriminatorio, esto último, porque en otras regiones menos necesitadas las carreteras han recibido recursos de diversa índole.
Pavimentar solo un kilómetro de una carretera que es un desastre, como lo muestran las imágenes de los diarios y de la tv, es muy similar a la costumbre, que viene de la administración pasada, de entregarles tabletas a los niños de las escuelas públicas, sin que haya señal de internet.
Solo que algunos de estos niños pueden suplir la necesidad de conexión en su casa. Pero, ¿cómo hacen los habitantes de Ragonvalia y Chinácota para visitar los dos pueblos, si no hay opción diferente de la de enfrentarse al barro y a los cráteres de la vía actual?
¿Qué otra cosa podría decir la alcaldesa Latorre sino agradecer el gesto de desprendimiento del gobierno departamental para pavimentar ese kilómetro que, muy probablemente, quedará arruinado pocos meses después, comido por todos los materiales que arrastran las llantas de los carros cuando pasan de la tierra al pavimento?
Un kilómetro pavimentado en una carretera de 29 puede convertirse en un objeto de museo, en una atracción turística, en algo digno de ver. Quizás con ese objetivo de que Ragonvalia pueda lucrarse del trozo de vía fue que le dieron como regalo. O como afrenta, porque también se le puede considerar así.
Díaz y el gobernador, William Villamizar, que ratificó la decisión, ¿tendrán idea de que un kilómetro de pavimento no alivia en nada las penurias que la vía les ofrece a los automovilistas?
Y si eso no es solución de nada, ¿para qué despilfarrar de esa manera los recursos del Estado, tan necesarios para otros menesteres? Es igual a gastar pólvora en zamuros…
