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Editorial
Ironía
En Norte de Santander la cultura de la ilegalidad fue patentada por la costumbre.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 28 de Diciembre de 2016

Que la mitad de la población cucuteña crea que el contrabando es una práctica que debe permitirse es un indicador alarmante, que demuestra que la cultura de la ilegalidad se enquistó en esta zona desde hace mucho tiempo y que se ha ido normalizando con el tiempo. 

Pero también se ha ido transformando, pasando de ser una práctica individual para convertirse en un millonario negocio del cual se alimentan organizaciones criminales que se han convertido en verdaderos amos de ciertos territorios. 

La normalización del contrabando en esta zona es tal, que  incluso ha permeado a algunos funcionarios públicos, encargados de combatirlo, quienes de frente se oponen y critican los operativos organizados por las autoridades. 

Ha sucedido en más de una ocasión con el alcalde de Puerto Santander, Henry Valero, quien en una conversación telefónica, reclamó de forma sorprendente al comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta por un operativo anticontrabando que se realizó el 24 de diciembre. 

Con tono irónico y sin ninguna vergüenza, Valero increpó al coronel agradeciéndole por el “gran detalle que nos regaló la Policía Nacional y la Polfa el día de Navidad”, haciendo referencia al operativo. 

La polémica conversación deja en evidencia la molestia del mandatario  porteño  por un acontecimiento que no tiene discusión: el contrabando es ilegal y es responsabilidad de las autoridades combatirlo. 

¿Acaso no se le ocurrió al alcalde que él, como primera autoridad del municipio, debería apoyar y defender estos procedimientos que se dirigen única y exclusivamente contra los ilegales?

Entre más avanza la conversación, más sorprendente es, pues el mandatario amenaza con denunciar al oficial por el operativo y asegura  que la Policía siempre ha entrado al Puerto “no como autoridades, sino más bien como bandidos”.

Una vez conocido el audio, a la del alcalde se han sumado otras voces de funcionarios de ese municipio, quienes han cuestionado fuertemente el operativo. 

Estos pronunciamientos, sumados a los cuestionamientos que ya se han generado con operativos anteriores en esa misma zona, son un claro indicio de que allí  se requiere una profunda intervención, no solo de las autoridades y del Estado, sino también educativa, que permita empezar a cambiar los imaginarios de sus habitantes. 

Cuando en una zona se ha permitido por tanto tiempo que la economía se sostenga de lo que genera el contrabando de combustible y de alimentos, sucede lo que en el Puerto es evidente: se vuelve una costumbre que nadie sanciona. 

Pretender cambiar esta dinámica requiere de una política de intervención sólida y constante, de una estrategia sistemática de desarticulación de las redes que controlan el contrabando, pues de nada sirven los operativos aislados, que solo se hacen por mostrar resultados de vez en cuando. 

La actitud del alcalde Valero y de los otros funcionarios del municipio confirma lo que ha dicho el general Gustavo Moreno, exdirector de la Policía Fiscal y Aduanera: que en Norte de Santander la cultura de la ilegalidad fue patentada por la costumbre.

¿Cómo empezar a cambiarlo cuando los que debe dar ejemplo, se oponen?

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