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Editorial
Expansión violenta
El departamento no debe seguir siendo más un ejemplo ni un sinónimo de violencia generalizada.
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La opinión
La Opinión
Martes, 28 de Abril de 2026

La expansión del enfrentamiento bélico  en el Catatumbo entre el Ejército de Liberación Nacional y  la disidencia de las Farc ya se tomó el área metropolitana de Cúcuta. 

Aunque esto había sido advertido, finalmente ocurrió como si fuera un ineludible  libreto del conflicto armado. 

Ahora en Cúcuta, El Zulia y Villa del Rosario se padecen las consecuencias de la urbanización de la violencia producida por los grupos armados ilegales que tienen en el narcotráfico el combustible que alimenta ese fragor guerrerista.

Mientras sigue gravitando el impacto de la ocurrencia de tres masacres en una semana en el territorio metropolitano y el asesinato de una menor de edad, al ministro de Defensa, Pedro Sánchez, se le escuchó decir que la ola de homicidios cometidos en el último mes en la ciudad estarían relacionados con la disputa criminal entre las dos organizaciones armadas.

En medio de todo esto, hay hechos puntuales que generan preocupación.

Está, por ejemplo, la alianza perversa entre el frente 33 de la disidencia de las Farc con una banda criminal para tomarse El Zulia. ¿Hay fallas en la inteligencia militar?

Que eso ocurra, lo cierto es que algo no está funcionando bien y, además, es necesario considerar cuáles son los motivos para que no hubieran funcionado las acciones preventivas.

La lógica misma del conflicto  estaba mostrando que la búsqueda de apoderarse conexiones y ciudades estratégicas como Cúcuta y sus municipios aledaños era el paso siguiente de los violentos que desde el 16 de enero de 2025 luchan por el Catatumbo.

Y lo más grave es que el homicidio se encuentra de nuevo en altos niveles de ocurrencia, como está ocurriendo en El Zulia que completa hasta el momento quince asesinados y, por lo menos, cinco heridos, en el que se ha considerado el inicio de año más violento en ese municipio en más de 15 años.

Igualmente, en la capital de Norte de Santander  los días 22 y 23 de abril, ocurrieron en Buena Esperanza y en el barrio El Talento, dos masacres, que la dejan nuevamente dentro de una etapa de alta incidencia de hechos violentos.

La comunidad del departamento reclama con urgencia que se adopten las acciones urgentes para frenar la expansión del Eln y la disidencia de las Farc, y salvar al área metropolitana de Cúcuta de los graves impactos del conflicto.

Sobre estos hechos, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, planteó que “no vamos a tolerar que los grupos criminales sean los que con terror y homicidios, intenten penetrar el espacio que le pertenece a los nortesantandereanos para su progreso y para su desarrollo”.

Hay que ponerle atención a este planteamiento oficial para que no vaya a quedarse en una declaración más en medio de otro de los tantos consejos de seguridad que se llevan a cabo cada que ocurren hechos criminales y delincuenciales en la región.

Cúcuta, El Zulia, Villa del Rosario, el Catatumbo, en particular, y Norte de Santander, en general,  no merecen más bombas, atentados, crímenes e inseguridad. El conflicto armado debe ser superado con urgencia, mediante las acciones operativas y de las labores desde otras instituciones del Estado colombiano. 

El departamento no debe seguir siendo más un ejemplo ni un sinónimo de violencia generalizada.


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