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Editorial
Es la economía…
¿Dónde creerán los gobernantes venezolanos que están los 20 mil millones de billetes?
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La opinión
La Opinión
Martes, 13 de Diciembre de 2016

Pretender convencer al mundo con el delirante discurso de que en Cúcuta hay escondidos dos billones de bolívares en billetes de 100 es desquiciado. No hay otra manera de decirle a tamaña tontería, así esa sea la postura oficial de Venezuela para justificar la parálisis que ordenó por 72 horas, para poner a circular nuevos billetes.

¿Dónde creerán los gobernantes venezolanos que están los 20 mil millones de billetes, una cifra que con solo imaginarla marea? Para guardar tamaña cantidad se necesitaría por lo menos un estadio. Difícilmente habría en Cúcuta una bodega para un guardado de tales dimensiones...

Sin embargo, el despropósito es repetido a toda hora por todos los medios de comunicación, en especial las redes sociales, en un intento por transferirle a Cúcuta la responsabilidad de la catástrofe económica generada por un gobierno convencido de que revolcarlo todo, sin sentido alguno, es sinónimo de revolución.

Mafias financieras transnacionales, países complotados para hacerle daño a Venezuela, gigantescas operaciones de lavado de activos a través de comprar por menos de su valor todos los billetes de 100 bolívares que haya… todos estos son los escenarios en los que, según Caracas y sus altavoces fronterizos, se estrangula la moneda venezolana para arruinar el sueño de Chávez, que según dicen era el mismo sueño de Bolívar.

Desde luego, al presidente Nicolás Maduro y a sus analistas les tiene sin la menor preocupación el ridículo mundial que hacen al considerar que un grupo de cambistas de Cúcuta y un exfuncionario del gobierno venezolano, ahora empleado en una tienda de Kansas (EE.UU.) estén, con un poder supuestamente superior al del Estado, intentando llevar la economía de Venezuela a los infiernos.

Tanto poder no se le ha atribuido en la historia a ninguna fuerza no estatal.

Pero, en el supuesto de que los cambistas y su supuesto aliado de Kansas estén maniobrando en el sentido que dice Caracas, se puede preguntar: ¿tan débil es la economía socialista y bolivariana de la era Maduro? Y, entonces, ¿qué significa tener las más grandes reservas de petróleo del planeta y todo el dinero que de ello se puede obtener?

Quizás la pregunta sea otra: ¿tan mal ha manejado Maduro la que en alguna oportunidad fue una especie de nave insignia de la economía latinoamericana? Y de ello ¿ante quién responderá? No hay recuerdo cercano de una riqueza tan grande convertida en ruinas por tan pocos y en tan poco tiempo. No hay memoria. No hay derecho…

Más le valdría al gobierno hacer hasta lo imposible por mejorar la situación de su pueblo, por garantizarle la tranquilidad que le ha negado en los últimos años, el bienestar que perdió enredado en los discursos revolucionarios y en las medidas sin razón, en los regalos de petróleo sin control…

Porque, y lo saben tanto en el Palacio de Miraflores como en la última aldea venezolana, en un país la política y la economía son como una yunta de bueyes que deben halar en el mismo sentido, al mismo tiempo y con igual fuerza.

No aceptarlo, lleva a culpar del desastre a lo que sea: Cúcuta, la frontera, el complot, la oposición, los billetes, es decir, al sofá… Al respecto, vale recordar el episodio en el que James Carville, en 1992, como asesor de Bill Clinton y desesperado ante los palos de ciego del gobierno de George Bush padre para superar el estancamiento de Estados Unidos, exclamó: “Es la economía, estúpido”.

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