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Editorial
Equidad pimpinera
Pero, y aquí está la inequidad: ¿por qué al comprador no lo someten al mismo castigo en relación con su vehículo? 
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Jueves, 4 de Agosto de 2016

Hay conductas en las que se requiere la intervención de por lo menos dos personas para considerarlas como delictivas. El cohecho es una de ellas. Son necesarios un funcionario corrupto, que recibe una dádiva, y otra persona, igualmente corrupta, que la entrega a cambio de que aquél haga o deje de hacer algo relacionado con sus funciones.

Que en el escandaloso caso de la congresista Yidis Medina, por razón de dilaciones y de las maniobras de cierto sector político, solo ella haya ido a la cárcel por cohecho propio, no significa que solo ella hubiera cometido el delito en el que recibió beneficios ilegales que alguien le debió entregar para que votara en favor de la reelección presidencial de Álvaro Uribe.

Otra conducta delictiva similar es la de comerciar con mercancías ilegales. Y la gasolina de contrabando es una de esas mercancías. Además de que quien la trae subrepticiamente comete un delito, quienes comercian con ella, es decir, quienes la venden y quienes la compran, también.

Desde hace algunos días, la Policía en Cúcuta está combatiendo el pimpineo, es decir, esa actividad ilegal que se traduce en vender y comprar en las esquinas gasolina de contrabando que algunos guardan en botellones de plástico llamados popularmente pimpinas.

Pero, y esta es una simple apreciación empírica, quizás no se está siendo equitativos en lo que atañe a las sanciones que se están aplicando las partes comprometidas en el ilícito, pues para una de las partes, la de la oferta, el castigo es mucho más duro que para la parte de la demanda…

Es sabido que el mercado es una dinámica de intercambio en la que la demanda de bienes o servicios es la expresión de una necesidad de la demanda que alguien debe satisfacer. Es este el argumento colombiano ante el mundo en el asunto de las drogas: en este país se produce droga porque hay países que compran. Sin compradores, ¿quién podría vender, qué, a quién? Imposible.

Según el anuncio, la Policía dará los primeros pasos para que la Justicia declare la extinción de dominio de las propiedades donde se compruebe que almacenan o comercializan combustibles de contrabando, sean los pimpineros propietarios o no de la casa o del lote.

Medida acorde con la ley, pues en esas propiedades se delinque.

Pero, y aquí está la inequidad: ¿por qué al comprador no lo someten al mismo castigo en relación con su vehículo? Al fin y al cabo está cometiendo el mismo delito que el pimpinero. Y si se va un poco más al fondo, el comprador es más responsable del pimpineo que el vendedor. Sin los automovilistas que llenan sus tanques con delito no habría vendedores que los satisfagan… Multa y retención del vehículo por unos días no es lo mismo que quitarle a alguien la casa para siempre.

En esta situación de comerciar con lo ilegal, ¡qué adecuado y oportuno! es el famosísimo verso de sor Juana Inés de la Cruz en torno del comercio carnal: “¿O cuál es más de culpar,/ aunque cualquiera mal haga:/ la que peca por la paga/ o el que paga por pecar?”

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