En una oportunidad se referenció que por tres años consecutivos el área metropolitana de Cúcuta aparecía en la lista de ciudades más violentas del mundo, situación que no varió en los últimos doce meses, llevándonos a decir que ya son cuatro años seguidos padeciendo la espiral de inseguridad ciudadana.
En 2019 estuvo en el puesto 44; en 2020 ocupó el 43; en 2021 llegó a la casilla 46 y el año pasado se situó en el lugar 49 de la medición que tiene en cuenta el número de homicidios por cada 100.000 habitantes, elaborada por el mexicano Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal.
Que durante los tres años corridos de la presente administración municipal en la capital de Norte de Santander, figure en el citado ranquin mundial, debe llevar a un revolcón en este campo. Y eso sin considerar otros municipios como Villa del Rosario y Los Patios.
No podemos contentarnos con decir que ya estamos a un puesto de salir de ese cuadro, en el que la ciudad tiene una tasa de asesinatos del 33,42%, en 2021, y del 29,47%, en 2022, con 296 homicidios.
Deben tener en cuenta la Alcaldía y el Concejo, por ejemplo, que cuando un potencial inversionista quiere llevar recursos a algún lugar para generar empresa y empleo, entre las variables que analiza está precisamente la cuestión relacionada con la seguridad y el orden público.
Por lo tanto, este negativo aspecto implica una seria dificultad desde el punto de vista de la competitividad y de la venta del área metropolitana como lugar para atraer inversiones y turistas.
Es el momento de que el alcalde Jairo Yáñez junto con su equipo de gobierno y la Policía, la Fiscalía y el aparato judicial consideren este informe independiente desde un punto de vista crítico, porque algo no anda bien para que durante los 36 meses de mandato, el municipio continúe con los homicidios disparados, provocando con ello esta mala imagen nacional e internacional.
Sería bueno que se pusieran la meta de revertir con la mayor contundencia este grave comportamiento que nos muestra que el esfuerzo hay que hacerlo desde los diversos ángulos, empezando por el operativo e investigativo para responder con una justicia fuerte a los agentes del crimen y de la violencia.
La revisión de lo que se ha hecho en el frente de seguridad en esta zona fronteriza es necesaria porque si llevamos desde 2019 ahí al lado de ciudades mexicanas, brasileñas, estadounidenses, hondureñas y sudafricanas, implica que estamos rajados y que ha llegado el momento de implementar reformas profundas.
Otro hecho para confirmar que no es de poca monta lo sucedido, es que entre las 50 más violentas del mundo, estamos junto con otras cuatro ciudades en la representación colombiana en este deshonroso cuadro: Cali (33), Santa Marta (37), Cartagena (47) y Palmira (48).
Desde el punto de vista analítico, reportes como este son un soporte de la percepción de inseguridad expresada por los habitantes de estas localidades que se muestran preocupados por la persistente violencia.
Cúcuta, el municipio histórico y Los Patios no pueden continuar por este camino. La meta urgente es salir de ese listado oprobioso dentro de un plan en el que en conjunto con el Gobierno Nacional se busque la estrategia adecuada contra el crimen organizado y sus nocivos efectos.
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