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Editorial
El que busca…
Desde luego, y en concepto de muchos colombianos, Santos está en todo su derecho de responderle a Uribe.
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Sábado, 14 de Mayo de 2016

El refranero español está lleno de citas y referencias a situaciones como la del expresidente Álvaro Uribe Vélez, que, luego de seis años, al fin parece haber encontrado la horma de su zapato en la reacción, largo tiempo esperada por toda la opinión pública, de un realmente iracundo presidente Juan Manuel Santos.

Durante este tiempo, Uribe buscó… y encontró. Y el Foro Ideológico Liberal fue el escenario propicio para que, como dicen los viejos, Santos se sacara, y ¡de qué manera!, el taco que lo atoraba por los ataques diarios de su antecesor.

Quizás sea este el resultado del ejercicio, por primera vez, del esquema de gobierno-oposición, dentro de un marco democrático y civilista. Solo que, por lo que corresponde a Uribe, como jefe de la oposición, siempre se saltó la cerca de lo político, para ensañarse con asuntos personales y familiares del presidente.

Santos soportó ejemplarmente los señalamientos de todo tipo a los que el expresidente acostumbró al país, que con el pretexto de atacar el proceso de paz de La Habana, en el que Santos se comprometió hasta la médula, se deshizo en denuncias que muchas veces sonaron incluso ridículas.

Pero, por lo deducido de la invitación de las Farc a preparar la fiesta para celebrar la firma del acuerdo de paz, el proceso sobrevivió y es, ojalá, una realidad virtualmente ineludible. Así, el acuerdo de paz es, salvo alguna eventualidad de magnitud insuperable, un hecho, el hecho que dividirá la historia del país.

Con su proyecto asegurado de tal modo, al parecer Santos sintió necesidad de responder a seis años de cuestionamientos, y aprovechó el foro del que fue su partido, para ponerle a Uribe los puntos sobre todas las íes y, eventualmente, señalar el camino que deben seguir todos en el gobierno en materia de defensa del proceso y de explicarlo a los colombianos.

“En mi gobierno, la familia presidencial –y lo digo con orgullo– no tiene una sola tacha, ni mis hijos ni mis hermanos”, explicó Santos para recordar que Uribe tiene a su hermano Santiago en la cárcel acusado de homicidio agravado y concierto para delinquir, y que a sus hijos, Jerónimo y Tomás, los han salpicado en varios escándalos empresariales y financieros.

Y siguió recordando: “En mi Gobierno, ningún funcionario, ni miembro de mi gabinete está preso o está acusado o está prófugo; no se ha chuzado a la oposición ni mucho menos a la Corte Suprema de Justicia; nadie está preso por haber comprado la reelección. Este es un Gobierno demócrata, respetamos a la disidencia, respetuoso de la crítica, un Gobierno limpio…”

Y remató a Uribe con la comparación con el criminal Carlos Castaño: “Hay quienes no pueden resistir este avance” —del proceso de paz—, dijo. “Están desesperados porque se les va a acabar su oxígeno, que es el miedo, la guerra. Y han acudido a todo tipo de ataques, inclusive llamando a la resistencia civil, esa misma que antes proponía Carlos Castaño (jefe paramilitar).

Desde luego, y en concepto de muchos colombianos, Santos está en todo su derecho de responderle a Uribe —estaba demorado, consideran—, que parece concretar su actitud opositora a los ataques personales, y ha hecho una especie de obsesión, su rechazo vehemente al proceso de paz.

Esa actitud pasiva de Santos no le ha creado buen ambiente al diálogo de La Habana, del que hay tantas interpretaciones y versiones como personas se quieran referir a él, olvidando que, en realidad, nada o casi nada se ha filtrado de las conversaciones.

Quizás ahora, espoleado por la necesidad de garantizarle futuro a su idea pacificadora, el mandatario dedique más de su tiempo a explicarle a Colombia la verdad y a desvirtuar tantos tumores y decires que solo han sembrado temor, desconfianza y hasta aversión a la posibilidad de vivir en paz.

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