Una campaña presidencial para el próximo período en Colombia parece ser muy fácil: cualquier candidato ya sabe de qué tendrá que hablar en sus discursos y qué hacer durante su gobierno si no quiere decepcionar, todavía más, a las gentes.
Una reciente encuesta ya diseñó el contenido del discurso de un candidato que en verdad quiera marcar la diferencia y quiera tener mayores posibilidades de alcanzar el objetivo de suceder a Juan Manuel Santos.
Tendrá que machacar sobre un asunto del que todos los electores conocen de sobra, porque lo enfrentan y sufren todos los días: la pésima calidad de la salud, que corre parejas con su deficiente cobertura, problemas que están por encima de otros, como la corrupción, la pobreza y la inseguridad, a la cabeza de la clasificación.
Según la encuesta, 56 de cada 100 colombianos considera que la calidad de la salud es el problema más serio que deberá solucionar el próximo presidente. Y, no hay duda, tienen razón, realmente, toda la razón.
Nadie ignora en este país los dramas, muchos de ellos increíblemente terribles y aleccionadores, de usuarios de las Eps que mueren esperando que los remitan a donde un especialista que pueda salvarles la vida, porque el estado financiero del sistema de salud es un caótico negocio inexplicable.
El segundo problema en gravedad para los encuestado, el desempleo, está a 16 puntos porcentuales de diferencia, lo que demuestra el gran impacto que tiene en los colombianos todo lo relacionado con la pésima calidad de la salud, hoy bajo prácticas corruptas generalizadas.
Y, además, el problema de la cobertura en salud, con 20 por ciento, ocupa el quinto lugar en el criterio de los colombianos.
Así que, desde ahora, los eventuales candidatos presidenciales tienen toda la información necesaria para, al menos, saber cuáles son los problemas que más inquietan a sus eventuales electores. La calidad de la educación (29 por ciento) y la economía 28, completan el cuadro de los asuntos más preocupantes.
Desde luego, la calidad de la salud es un problema cuya solución exige toda la diligencia y toda la energía del gobierno para enfrentarlo y solucionarlo. Muchas personas han muerto por esta razón, y otras más, por la medicación, de ordinario limitada por mandato de las empresas prestadoras de salud, para las cuales el Plan Obligatorio de Salud (Pos) es letra muerta, cuando más.
El sistema parece orientado solo a calmar el dolor del enfermo, como se puede deducir de la formulación mayoritaria de analgésicos, que de nada sirven, en la gran mayoría de los casos, para enfrentar y superar la enfermedad causante del dolor.
En otras oportunidades, encuestas parecidas han señalado otros problemas, como el desempleo, la inseguridad y la violencia, la falta de Justicia y la pobreza, como los principales de la sociedad colombiana.
Pero, esta vez, el sentimiento profundo y generalizado es el de que la salud puede y debe mejorar, en especial la del régimen contributivo, en el que ingentes cantidades de dinero parecen convertirse en humo, pues la calidad del servicio y de los tratamientos viste ropajes de indignidad. Lamentable.
