Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
El poder del morbo
Poco importa la realidad de Jackson Follman, arquero que sobrevivió y quien al despertar en la clínica se dará cuenta de que perdió una pierna.
Authored by
Jueves, 1 de Diciembre de 2016

Casi siempre, el espíritu morboso del ser humano puede más que el solidario y el compasivo; el interés malsano por hechos, personas o cosas desagradables sale brillar siempre que la tragedia, por ejemplo, azota a la sociedad.

Es la condición humana, de la que tantas cosas, buenas y malas, sublimes y abyectas, se han dicho, la que lleva a que, en el caso del accidente aéreo de Cerro Gordo, por ejemplo, pese más la especulación sobre las circunstancias del suceso, que las consideraciones en torno de las víctimas —entre las que hay sobrevivientes—, sus familias, sus amigos…

Los comentarios sobre la tragedia de los futbolistas, los periodistas que los acompañaban y la tripulación convierten los detalles, aunque sean muy dolorosos, en simples anécdotas triviales que se olvidan para dar paso a lo demás.

Y lo demás es la versión supuestamente docta de cada contertulio sobre los que se consideran errores del piloto o de la torre de control o de quien quiera que, a ojos vista de las circunstancias, pueda tener alguna relación con lo ocurrido.

La falta de gasolina del avión, el fallo eléctrico total, el desconocimiento de la ruta, la falta de claridad de la controladora en su diálogo final con el piloto, el error en el radar de la torre de control, las características técnicas de la nave, eventuales circunstancias sin comprobar, meras especulaciones sin fundamento, le permiten a cada persona graduarse de pontífice en temas aeronáuticos.

Poco importan la realidad de Jackson Follman, el juvenil arquero suplente que sobrevivió y quien al despertar en la clínica se dará cuenta de que perdió una pierna, y la de los también jugadores Alan Ruschel y Helio Neto, y la del periodista Rafael Valmorbida y los tripulantes Ximena Suárez y Erwin Tumiri.

Es secundario el drama de aquella esposa que le hizo saber a su marido que sería padre. Y secundario el hecho de que un grupo de soñadores que salió de abajo estuviera a poco de alcanzar eventualmente la gloria de ser los mejores. Ninguna de esas consideraciones despierta interés diferente del de sus adoloridos parientes.

¿Y si se comprueba que ninguna de las posibilidades de corrillo sucedió, que la tragedia se debió a una causa o un conjunto de causas diferentes de las que ya se dieron por ciertas en el notorio afán de las personas por demostrar que tuvo la razón desde el comienzo?

Esas son consecuencias de ese espíritu morboso que lleva a muchas personas a regodearse en la tragedia y sus circunstancias fácticas antes que a sentir aunque sea una consideración mínima por los que sufrieron y seguirán sufriendo.

Y a ello, a veces, se contribuye desde algunos medios de comunicación, para los que mostrar la tragedia hasta en sus detalles más pequeños es la manera ideal de conservar audiencias o lectores. Pero esto también es expresión de la condición humana, esa eterna contradicción en la que se debate ‘la totalidad de la experiencia de ser humanos y de vivir vidas humanas’.

Temas del Día