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Editorial
El PAE de cada día
En Cúcuta, el PAE comenzó a funcionar bien entrado el ciclo escolar, y el hecho se mantuvo en silencio.
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Viernes, 15 de Abril de 2016

Los problemas son iguales en todas partes. Pero en las demás, funcionan los órganos de control y la Justicia. En Cúcuta y Norte de Santander, no. Acá, la corrupción puede estar tranquila: no tendrá problemas con nadie, ni siquiera si se mete con los niños de las escuelas.

En Aguachica, el alcalde, Henry Alí Montes, y el secretario de Educación, Rodolfo Rincón Páez, están presos y bajo proceso penal, acusados de contratar, a nombre del Estado, sin el lleno de requisitos, el suministro de alimentos a niños de las escuelas del pueblo; por interés indebido en contratos, fraude y peculado.

En Huila, La Guajira, Córdoba, Arauca, Cesar, Santander, Quindío, Norte de Santander y Cesar, hay graves irregularidades en el Programa de Alimentación Escolar (PAE), según denuncias de papás y veedores, en lo que lleva a pensar en que algunas personas están haciendo fiestas con el dinero del Estado y el hambre de los niños más pobres.

En Cesar (Aguachica y Valledupar) están actuando las autoridades; igual en Huila, Santander y La Guajira (allí capturaron a tres personas, por fraude).

En Norte de Santander, donde el PAE está cuestionado por la ministra de Educación, nada ha ocurrido, pese a que recientemente fueron descubiertos, por un lado, una cucaracha dentro de una bolsa individual de pan, y por otro, verduras descompuestas en tres visitas a un colegio.

La respuesta del municipio, además de ofensiva contra el niño que halló la cucaracha y su familia, descalificando las críticas, debería ser más bien la de investigar las irregularidades que se han denunciado.

Descargar sobre un niño de pocos años la responsabilidad de conseguir una bolsa plástica contramarcada de la panadería que distribuye el pan del PAE, poner la cucaracha viva y sellarla de nuevo es una afirmación grave del director del Bienestar Social de la Alcaldía de Cúcuta, Telésforo Blanco, en especial porque ni siquiera conoce ni al niño ni a su familia.

Con la reacción desmedida del director se acrecientan las dudas sobre si es funcionario que debe defender los intereses del Estado y de los niños, o es el defensor de oficio de la empresa contratista. En ese sentido, no se puede menos que exigirle ponderación y respeto.

Un día después, la Procuraduría descubrió, durante tres días seguidos, que en el colegio Los Santos Apóstoles, en Atalaya, el PAE les entregaba a los niños raciones con las verduras descompuestas. Sin argumentos, como en el caso de la cucaracha, Blanco bien podría decir que las verduras así las puso la Procuraduría. Así podría seguir defendiendo a los contratistas…

Ya hay varios episodios de serias fallas en el PAE, que se pueden resumir en el comentario de la Defensoría del Pueblo de Cesar, según el cual, el menú de la cárcel de Aguachica es mejor que el de los niños de las escuelas.

En Cúcuta, el PAE comenzó a funcionar bien entrado el ciclo escolar, y el hecho se mantuvo en silencio. Valdría la pena que ahora la Contraloría se dedique a establecer el destino de los dineros correspondientes a las miles de comidas que se dejaron de entregar en las primeras semanas.

Y que se pronunciara en torno de la práctica de otorgar contratos como el del PAE en licitaciones para las cuáles hay un solo proponente, una costumbre aberrante que solo permite pensar en que hay algo raro en los despachos públicos de Norte de Santander. Quizás no en todos, de acuerdo.

Es de suponer que la Procuraduría investigará los hechos que descubrió, pero lo usual es que todo muera ahí, donde debía nacer.

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