La de Guillermo León Aguirre Aguirre no es una captura más de un jefe de la guerrilla. Es, obviando algunas circunstancias, uno de los más duros golpes del Gobierno a los líderes históricos de la guerrilla colombiana.
Aguirre o David León o Juan Montes es el más veterano combatiente vivo del Ejército Popular de Liberación (Epl), su líder más antiguo, y uno de los poquísimos depositarios del original discurso ideológico de esta guerrilla marxista leninista.
Aguirre es un sobreviviente de muchos combates fuera y dentro de la guerrilla más radical y fundamentalista de las tres históricas. El Epl nació con una decidida inclinación por el modelo socialista del maoísmo chino, pero en 1975, luego de una fuerte lucha intestina, se decidió por el radicalismo y la ortodoxia del Partido del Trabajo de Albania, del estalinista Enver Hoxa. Aguirre era un total desconocido.
Pero, en 1991, como resultado de un acuerdo de paz con el Gobierno, 2.556 guerrilleros del Epl, comandados por Bernardo Gutiérrez, entregaron sus armas, se desmovilizaron y reinsertaron a la sociedad, en medio de feroz persecución de las Farc. Ellos hicieron el liquidado movimiento Esperanza, Paz y Libertad.
Unos 350 combatientes siguieron en armas, con Francisco Caraballo como líder, y se asentaron en Urabá y Catatumbo. Con ellos iba Guillermo León Aguirre, que fue ascendiendo hasta hacerse comandante general, cuando se acentuaba la moda de financiar la guerra con coca y cocaína.
Y Aguirre se convirtió en el poder detrás de Víctor Ramón ‘Megateo’ Navarro Serrano, y se escondió junto con su discurso ideológico, mientras se privilegiaban los negocios con organizaciones narcotraficantes nacionales e internacionales.
Hasta el jueves, el Epl era, junto con el Eln y las bandas paramilitares, uno de los tres dolores de cabeza del Gobierno en lo relacionado con el orden público, a pesar de que su fuerza armada es realmente mínima de combatientes que buscan —quizás ya no— recuperar feudos que dejaron en el gran Caldas y Nariño.
Ahora, con la captura del jefe máximo, el Epl se enfrenta a una disyuntiva difícil: dejar la zona de Catatumbo —donde ahora comenzará a sobreaguar—, o buscar la forma de dejarse llevar por el Eln en un eventual diálogo que les permita a los guerrilleros obtener algún beneficio.
El problema está en la atracción del dinero. Neutralizado Aguirre, aspirantes a sucederlo debe haber varios. El dinero del narcotráfico los mueve, más que todo el ideario revolucionario, más que el compromiso social, más que la guerra popular prolongada.
En casi 60 años de guerra se ha hablado con alguna regularidad de golpes demoledores del Estado a la guerrilla. Pero, si bien han sido descomunales, no han logrado demoler de forma definitiva a ninguna de las guerrillas tradicionales. Tanto que las Farc, para citar un caso, permanecen a pesar de las muertes en secuencia de sus más poderosos comandantes.
Pero, este sí puede llamarse un golpe definitivo, pues, o se repliega o dialoga, o el Epl desaparece enredado en las luchas internas y en los bombardeos que, sin duda, desatarán las fuerzas del Estado. No es un imposible saber dónde está cada uno de sus guerrilleros.
