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Editorial
El gran disparate
Suspender por un año el flujo de personas y de algunas mercancías, fue, sin duda, un gran disparate del liderazgo político venezolano.
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Jueves, 18 de Agosto de 2016

Además de la tos, la pobreza y el amor, que, como dice el pueblo, son tres cosas que no se pueden esconder, un mal gobierno tampoco se puede, aunque en busca de ocultarlo se apele al extremo recurso de aislar un país.

Un año exacto después, el presidente Nicolás Maduro y su más obsecuente monaguillo, el gobernador de Táchira, José Vielma, deben estar convencidos de que cerrar la frontera con Colombia es una de las más disparatadas acciones de la tambaleante revolución socialista bolivariana.

En lo concreto de la frontera, ninguna de las razones argumentadas para el cierre ha sido superada: el contrabando de combustible continúa, impulsado por mafias de Bocas de Grita, Orope, Coloncito, Ureña y San Antonio, y solapado por militares corruptos; la escasez de víveres ya no solo afecta a zonas periféricas como Táchira, Zulia y Apure, sino a toda Venezuela; y la violencia atribuida a los paramilitares se ha incrementado hasta traducirse en paros armados como el de Bocas de Grita y Coloncito hace un mes, y el de San Antonio, unos pocos días.

Hubo cambios en algunas estructuras. El contrabando, por ejemplo, que era fuente de ingreso para miles de ‘bachaqueros’ que iban y venían por los pasos legales, es ahora una fuente de riqueza para poderosos grupos que intentan todo el control de mercancías por las trochas. Si hasta oleoductos artesanales tienen…

En la misma medida, los rumores sugieren que la corrupción oficial, que antes del cierre se dispersaba en centenares de soldados y policías a lo largo de la raya limítrofe, al parecer ahora se concentra en unos cuantos muy altos oficiales.

Sin embargo, el fenómeno más notorio, sobre el cual quizás el Gobierno no ha hecho claridad suficiente, es el relacionado con la pérdida de simpatía sufrida por Maduro y la revolución. Mucho más él que ella.

Hace un año, había descontento y la frontera (San Cristóbal, San Antonio, Ureña, Rubio…) era escenario de una permanente fogata callejera junto a la más grande barricada de la historia venezolana.

Un año después, en toda Venezuela se percibe el descontento, en todos los ciudadanos anidan la ira, la decepción y la desesperanza, y en el hemisferio crece la certidumbre de que pronto podría desbocarse la violencia de un estallido social que podría desestabilizar al continente.

Pero, sin la formación que requiere un estadista, Maduro no se percata de lo que le corre pierna arriba, distraído como está en buscar fórmulas inexistentes para sostener su mandato y eludir el mandato soberano del referendo revocatorio.

Cerrar la frontera de manera inconsulta y sorpresiva, y elaborar discursos para culpar a Colombia, no solo no le dio al Gobierno venezolano los resultados que calculó, sino que las complicaciones que enfrentaba se agravaron y lo tienen prácticamente en ‘pico de zamuro’, para usar un coloquialismo venezolano para indicar que está en las últimas…

Suspender por un año el flujo de personas y de algunas mercancías que le servían para mantener cerradas muchas bocas, fue, sin duda, un gran disparate del liderazgo político venezolano, que ahora ya sabe lo que significa que a alguien le salga el tiro por la culata.

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