En los más recientes años, la motocicleta se volvió elemento imprescindible para casi todas las actividades de la vida moderna, incluida la criminalidad.
Hay varios delitos muy difíciles de cometer sin una motocicleta. Y, tal vez, no tanto sin una motocicleta, como sin un parrillero, es decir, la persona que, para desgracia de la sociedad, aún se permite llevar en el asiento trasero del vehículo.
Sin ese acompañante —y está demostrado en otras ciudades— se derrumba, por ejemplo, el índice de hurtos de celulares y bolsos, y cae de manera dramática el de asesinatos por sicarios o no.
Las increíbles facilidades de movilidad que permite una motocicleta respaldan la decisión de los delincuentes de usarlas en crímenes en los que se necesita huir sin problemas y muy velozmente del lugar de los hechos.
Desde luego, no hay que caer en el simplismo de creer que sin las motos no se cometerán estos y otros delitos para los que se usan esos aparatos: el homicidio, el hurto, el tráfico ilegal, el asalto continuarán, es obvio, pero en cifras reducidas.
En Cúcuta, donde está prohibido el parrillero hombre desde julio de 2015, la criminalidad callejera ha descendido. Sin embargo, algunos sectores consideran, con razón, que podría descender todavía más si se prohíbe totalmente. Argumentan que muchas veces se hace imposible determinar si en la parrilla va una mujer o no.
Para algunos opositores a la medida de prohibir el parrillero, las acciones de las autoridades en realidad equivalen a vender el sofá de la anécdota, pues la criminalidad continuará, con el segundo ocupante de las motos o sin él.
Pero, la verdad es que no. En Cali, donde se prohibió de manera permanente el acompañante, hombre o mujer, este año, de 5.782 casos de hurto, 80 por ciento se cometió con el uso de motocicletas. En 2.786 hurtos de celulares, igualmente, 80 por ciento de los casos tuvo una moto como medio de transporte de los ladrones. Y 400 de los 800 homicidios fueron cometidos con y desde motos.
De todos modos, la tasa de homicidios bajó 7 por ciento y la de los llamados delitos en moto, 18 por ciento, hechos positivos que indican que algo de la solución de la criminalidad tiene que ver con las motos y los parrilleros o acompañantes.
Un problema de la restricción es la falta de recursos (policías, especialmente) para hacer que la medida se cumpla cabalmente, y otro, el impacto negativo en lo relacionado con los medios de transporte de muchas familias que tienen en la moto un factor esencial para sus actividades diarias.
Pero, no hay duda de que para un motociclista solo se hace casi imposible atacar armado a alguien mientras conduce el vehículo y cuida de no ser atrapado. Y es que el sicariato se ha caracterizado siempre por el uso de la moto, conducida por un piloto hábil para eludir persecuciones, y necesariamente un compañero capacitado para todo lo que necesita hacer un asesino a sueldo para ser eficaz.
Hay que evitar el trío esencial.
