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currieron una serie de asesinatos en la ciudad que llevaron a disparar los índices de homicidios a niveles preocupantes a comienzos del año, cuando la ciudadanía les reclamó a las autoridades policiales y judiciales hacer más para hacerle frente y detener la ola indetenible de inseguridad.
Sucedieron una serie de asesinatos que, por ejemplo, el 8 de enero nos llevaron a marcarlo como el día de la primera masacre de 2023, y al desbordamiento de los homicidios en hasta el 117 por ciento durante el primer mes del año.
Profundizando en las razones para que esto estuviera ocurriendo, dos hechos determinadores condujeron a esa delicada situación: primero, una peligrosa alianza entre bandas para controlar el microtráfico, las extorsiones y las rutas del narcotráfico y, segundo, una ‘guerra’ contra estos, organizada por Los Pelusos, a quienes no les gustó la conformación de esa gran compañía del crimen.
Es urgente que la Policía, la Fiscalía, la Alcaldía de Cúcuta y los jueces en coordinación con el Ministerio de Justicia y el Inpec, detallen un plan para desbaratar esos ‘imperios delincuenciales’ en el interior de la cárcel.
Separar esos presos que manejan emporios en las calles. Aislarlos. Quitarles cualquier medio para comunicarse. Reubicarlos a pabellones o prisiones de alta seguridad por el riesgo que implican para la sociedad son las acciones que se deben emprender.
Los medios de comunicación y las propias autoridades saben de ese alto riesgo que implican para los habitantes del área metropolitana de Cúcuta esos cabecillas delincuenciales que quieren formar esa poderosa organización multicrimen, que es una razón suficiente para que se les aplique con rigor la ley.
Supone la ciudadanía, tan preocupada por lo que está pasando en ese frente, que los organismos de seguridad deben de tener un amplio acervo de pruebas, seguimientos e información que les permitirá ir por quienes hoy persisten en mantener las organizaciones delincuenciales activas en la ciudad.
Pero hay un asunto que prueba cómo el conflicto armado tiene su vaso comunicante con la inseguridad en la capital nortesantandereana y su zona de influencia, como es el caso de Los Pelusos, que es el nombre con el que se rebautizó a la facción disidente de la antigua guerrilla del Epl no se acogió al proceso de paz.
Los Pelusos poderosos narcotraficantes del Catatumbo, en especial por el tristemente célebre Megateo, incursionaron en la ciudad donde son un elemento de riesgo para la seguridad ciudadana, puesto que hace falta más por hacer para desbaratar esta banda criminal.
Por eso es que las autoridades locales deben entender que problemas que envejecen mal como ese de Los Pelusos finalmente nos generan complicadas consecuencias, porque para bien o para mal, Cúcuta nunca se podrá desligar de lo que suceda en el territorio catatumbero, como muy bien lo muestra el trabajo periodístico de La Opinión publicado en la edición dominical.
Por eso es que son tan importantes los laboratorios o centros de análisis del delito porque al superponer aspectos sociológicos, económicos y de violencia y cruzarlos con índices de robos, homicidios, narcotráfico y microtráfico, afloran hechos como estos y se pueden ver las debilidades y flaquezas de los sistemas para contener la criminalidad desde la operatividad, la administración de justicia y la solución a factores socioeconómicos para conjurarla.
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