Es como si Norte de Santander tuviera el Cristo de espaldas. Cuando no le afecta lo que ocurre al otro lado de la frontera, la naturaleza lo acogota y lo deja mal herido, o el contrabando, la corrupción administrativa y la politiquería lo convierten en una vergüenza pública nacional.
O, por razón de decisiones justificadas, lo ponen en aprietos jurídicos y legales derivados de la interinidad o de la inseguridad administrativa, cuya consecuencia es una semiparálisis de la burocracia oficial que solo genera problemas y más problemas.
Hoy, el departamento está entrando a esta última situación, a raíz del fallo del Consejo de Estado que deja en la cuerda floja al gobernador, William Villamizar, por irregularidades que cometieron algunos concejales de la época, entre 2001 y 2003, al aprobar un reajuste de salarios para los empleados municipales.
Aunque Villamizar puede seguir en el cargo, la situación en la Gobernación no será igual a la del jueves, cuando incluso viajó a Caracas a impulsar la reapertura de la frontera y no se sabía nada de lo que ocurriría en la tarde al conocerse el fallo de segunda instancia.
No será la misma porque, aunque se hagan todos los esfuerzos por aparentar normalidad, en realidad habrá una administración arropada por la interinidad, por una provisionalidad que no permitirá que los programas oficiales se cumplan dentro de los derroteros que se les trazaron.
Dicen que el gobernador acudirá a algunos recursos que le quedan, y que mientras estén vigentes él seguirá ejerciendo todas las funciones que le asignó el electorado cuando decidió que él fuera el gobernador por el actual período. De acuerdo, él podrá continuar, como hasta ahora, pero la normalidad desaparecerá.
Es lo natural en estos casos en que el funcionario no sabe cuándo le tocará irse ni en qué circunstancias. Algunas veces, el burócrata opta por bajar la guardia y el ritmo, en espera de ese momento crítico, y mucho se queda sin hacer; otras, busca imprimirle tanta celeridad a las cosas, que surgen errores lamentables y lo que se debía hacer bien, se hace mal.
El hecho de que el fallo del Consejo de Estado no se refiera, de manera concreta, a lo que sucederá con Villamizar como gobernador, no significa que se garantice la estabilidad requerida, por cuanto, sin duda, habrá demandas pidiendo la nulidad de su elección. Es lo acostumbrado en Colombia en casos similares. Es, además, lo que indica la lógica.
El fallo no tiene reversa, es definitivo, lo mismo sus consecuencias. Pero, si como se puede deducir de su reacción al conocer el fallo, Villamizar continuará en el cargo, tendrá que dedicar muchos recursos de todo tipo, incluso tiempo, solo a prolongar su permanencia mediante la interposición de recursos y dilaciones que prolongarán el proceso al máximo posible.
En el momento en que más se necesitan autoridades libres de compromisos personales, para que encabecen todas las acciones relacionadas con la reapertura fronteriza, surge un traspié inesperado que puede distraer mucha de la atención oficial para atender la frontera.
Desde luego, habrá que esperar la evolución de las estrategias jurídicas que sin duda ya su equipo de abogados debe estar alistando en defensa de la posición que le otorgó el pueblo nortesantandereano en las urnas.
