Es otra consecuencia de tener una sociedad como la nuestra, acostumbrada desde cuando llegó Europa, a vivir bajo sistemas centralistas, acaparadores, rígidos y alérgicos a todo asomo de independencia regional, de autonomía territorial, de gobiernos propios. La descentralización le sabe a feo y el federalismo, peor.
Por esa tendencia a no permitir que otros tengan acceso a las instancias de decisión, por esa política de excluir y marginar, por el afán de acrecentar el poder, intentos como el Área Metropolitana de Cúcuta (AMC) pueden fracasar.
No bastan ni una ley que lo soporte ni las buenas intenciones que haya detrás ni la necesidad de fortalecerse en la unidad para mantener un proyecto que, como ha ocurrido en los últimos días con el AMC, ha mostrado fisuras preocupantes…
De un lado, el alcalde de Los Patios, Diego González, se opone rotundamente a la restricción del pico y placa establecida para Cúcuta por el alcalde local, César Rojas, y del otro, su colega de Villa del Rosario, Pepe Ruiz, se queja, con toda razón, de que su municipio no recibe nada a cambio de los aportes de cada año da al AMC.
Según González, con el pico y placa, restricción que se aplica a todo vehículo que no sea de Cúcuta, la capital pretende quedarse con todo el sistema de registro de vehículos y el dinero que genera para el fisco.
Por su organización y eficiencia en el servicio, los cucuteños registraban sus carros en Los Patios y Villa del Rosario. La lógica indica que ahora todos querrán matricularlos en Cúcuta, porque así no se les impedirá circular en libertad.
Desde su óptica, el alcalde González tiene razón al señalar que con medidas como la del pico y placa, que excluyen sin fundamento a los vehículos de cinco de los seis municipios del AMC de circular en libertad por Cúcuta, el camino que le queda es retirarse.
Si bien el de Cúcuta tiene funciones de alcalde metropolitano, también está obligado a consultar con sus colegas todas las decisiones que se tomen en algunos aspectos. La movilidad es uno de ellos, pero para establecer las restricciones que se adoptaron hace pocas semanas, no se les tuvo en cuenta a los otros alcaldes. Se les excluyó, en una acción unilateral que “apuñaló la integración metropolitana”.
La actitud de Ruiz es similar. Decidió dejar de pagar los aportes al AMC, que el año pasado fueron de 500 millones de pesos, incluidas algunas deudas, porque “no vimos obras ni reinversión”, dijo. “No vuelvo a girar hasta que nos reinviertan la plata (…) Lo mismo voy a hacer con Corponor…”
Estas dos no son, sin embargo, las únicas muestras del desdén centralista de Cúcuta con sus socios del AMC. Aunque sus alcaldes dicen estar satisfechos, el caso de El Zulia y San Cayetano es, también, señal de que los intereses de la gran ciudad y de los otros municipios no son, ni de cerca, los mismos.
Con motivo del cierre del puente Ospina Pérez, la gobernación tuvo que salir a suplir la falta de preocupación de Cúcuta por sus carreteras, ante la inminente y grave situación de aislamiento en que iban a quedar las dos poblaciones al otro lado del río Zulia.
