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Editorial
Débil infraestructura
La ciudad está rajada con parte del estudiantado que acude a estos colegios que no les brindan las garantías necesarias.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 11 de Junio de 2022

No es nada agradable la condición física de muchos colegios públicos de Cúcuta, cuyas instalaciones registran problemas de diversa índole y no se han ajustado a unas condiciones mínimas para garantizarles a los alumnos la educación de calidad.

Ese componente también es medible. No puede dejarse por ahí  como si fuera algo poco serio. Pero es más, ¿cómo así que transcurrieron dos años en que dichos establecimientos estuvieron vacíos por la virtualidad de las clases por efectos de la pandemia del coronavirus?

Entonces, si no hubo posibilidad de intervenirlos en esa temporada en que podía trabajarse plenamente en la reconstrucción o mejoramiento de la infraestructura, quién garantiza que ahora sí llegará un procedimiento que garantice la  ejecución del proyecto de recuperación.

Se acuerdan cuando se estaba en la discusión de si era factible o no el regreso a la presencialidad de las aulas y surgió una tutela por parte del sindicato de profesores que contó con el apoyo de 14 instituciones educativas oficiales.

El planteamiento del recurso de amparo era que se necesitaba garantizar la calidad educativa con el arreglo de las instalaciones de esos colegios. Pues sorpréndanse porque este es el momento y no se han llevado a cabo las obras de infraestructura  en los colegios incluyendo amplias instalaciones sanitarias.

Podemos decir que en este capítulo la ciudad está rajada con parte del estudiantado que acude a estos colegios que no les brindan las garantías necesarias, como lo han venido exponiendo tanto los educadores como los propios padres de familia y los mismos alumnos ante las autoridades educativas municipales.

“El gobierno municipal viene anunciando unas intervenciones, pero vemos eso en cero”, según los profesores.

“La situación es grave porque les habían informado que las obras para las sedes del colegio iniciarían en marzo de este año, pero han pasado dos meses y aún no han comenzado”, ha dicho por ejemplo el rector del colegio Padre Rafael García Herreros.

Y Clemencia Garnica, rectora de la Institución Educativa Eustorgio  Colmenares Baptista también tiene su queja: “Se habían proyectado para San Gerardo unas baterías sanitarias y un muro que está que se viene encima, hicieron unas adecuaciones, pero no las han entregado, porque además bajaron ventiladores y no los volvieron a colocar”.

Pero si desde hace tanto tiempo se sabía que era necesario adelantar las obras para proteger los derechos fundamentales a la salud, la vida y la integridad física de los administrativos, docentes y estudiantado, ¿por qué hoy se sigue hablando de esto?

Creería la gente que ya esto debiera haberse superado por razones tan sencillas como aquellas que determinan que un colegio debe tener las condiciones adecuadas para que el alumno desarrolle sin riesgo y en las mejores condiciones sus habilidades académicas y cognitivas.  Y, segundo, que la educación siempre debe de estar a la vanguardia en los planes de gobierno.

El secretario de Educación Municipal, Luis Eduardo Royero, ha dicho que ya hay varios proyectos en marcha y se esperan emprender otros con el Área Metropolitana y que está prevista la intervención de 23 sedes educativas, de las 44 que tienen estudios y diseños.

Ojalá eso sea pronto, porque ya se entra en la etapa de vacaciones estudiantiles y no es de buen recibo que un asunto impostergable y que no da espera, como es la infraestructura escolar en el ámbito oficial, continúe siendo débil en la ciudad. Es darle solución a esto, máxime cuando la pandemia dejó ver cuáles eran esos inconvenientes y fallas que debían superar.

 

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