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Editorial
De poder a poder
¿Y cuántas divisiones tienen los cambistas fronterizos? O es que solo cambiando billetes pueden acabar con Venezuela.
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Miércoles, 23 de Noviembre de 2016

Un Estado que se dice depender de un puñado de cambistas extranjeros para preservar el valor de su moneda es un Estado tan débil que lleva a pensar en que tal vez anochezca pero no amanezca.

Es el caso de Venezuela desde la extremadamente miope óptica de algunas autoridades, que culpan a los cambistas de Cúcuta de estar buscando equiparar el precio del bolívar (¿fuerte?) al peso colombiano, a fin de que un día de estos el cambio sea 1 a 1. Mientras tanto…

Como si fuera tan fácil el hecho de que, desde el otro lado de la frontera, unos cambistas pudieran más que el banco central de un país y todo su gobierno en pleno, incluyendo el poder militar.

Lo que dicen tales autoridades como discurso es, en realidad, un chiste mal elaborado y peor contado… Quizás sean esas las razones por las cuales el pueblo venezolano no lo cree: es tan ingenuo como tonto. Y, la verdad, tampoco lo creen los que lo cuentan.

En el fondo, todo se debe a un problema agudo de comprensión. Como no se entiende el entramado de la economía, pues se apela a lo primero que esté a la mano para explicar las consecuencias de la debacle.

Un funcionario medio no se atreve a aceptar que el bolívar va en caída libre desde hace largo tiempo por lo que hace o deja de hacer el gobierno del que hace parte ese funcionario. No puede culpar a sus jefes. Sería como su muerte política.

Así, lo más fácil es buscar un chivo expiatorio en el primer extranjero que se vea al otro lado de la frontera. Y allí están los cambistas, los culpables de que un país soberano, poderoso, rico, independiente, caiga de rodillas ante ellos con su flamante moneda convertida en menos que papel ajado.

No es la dependencia exclusiva del petróleo y su precio por el suelo; tampoco es la política de subsidiarlo todo sin recursos; menos, el afán militarista de comprar armas y más armas; mucho menos, la escalofriante corrupción que se roba todo lo que es del Estado, o la carencia absoluta de un eficiente aparato productivo; no es consecuencia de ir por ahí, de país en país, regalando dinero a manos llenas a cambio de algún débil reconocimiento internacional; no, no es el monstruoso gasto público del gobierno revolucionario socialista y bolivariano.

Es el enorme poder de unos cuantos cucuteños dedicados a aceptar, aunque sea a pérdida, los bolívares venezolanos que cada hora valen menos, a cambio de pesos que cada minuto valen más. Está planteada, entre el gobierno venezolano y ellos, una lucha de poder a poder que, según temen en el otro lado, ganarán. ¡Qué ingenuidad! la de creer que todos en Venezuela son ingenuos y en vez de caraotas comen cuentos…

Aunque, sin embargo, por si acaso, habrá que preguntar como Stalin sobre el poder militar del papa: ¿y cuántas divisiones tienen los cambistas fronterizos?

O es que solo cambiando billetes pueden acabar con Venezuela.

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