Quien no ama a su cuna no ama a su madre, dicen todavía algunos viejos, convencidos de que entre las pocas cosas que acompañan al hombre toda su vida está el sentimiento especial hacia el lugar donde su madre lo trajo al mundo.
Desde el sitio más recóndito y pobre hasta el más ostentoso y encumbrado, pasando por todos los imaginables, para el ser humano, el lugar donde nace es, tal vez, el único que de verdad lo conmueve hasta lo más profundo, así sea para sentir vergüenza, como si suya fuera la culpa de que su cuna esté allí y no en otra parte.
Esto último tal vez explique el desdén constante, el desinterés profundo, casi que el desprecio que hay en algunas esferas del Estado por Villa del Rosario como cuna de la Constitución, de la patria y del general Francisco de Paula Santander.
El Parque Grancolombiano, con su Templo Histórico, la casa de Santander y hasta el Tamarindo Histórico, sobreviven por la razón que sea, menos porque el Estado se haya preocupado por darle al lugar la importancia que tiene como cuna sagrada de Colombia.
Por razones que se antojan torvas, al hablar de lugares sagrados de la patria algunos piensan en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, en el bello paraje del Puente de Boyacá, en la Casa del Florero, y otros, pero ninguno en esta parte del país. Es como si doliera admitir que acá nacimos como Nación.
Quizás, si Villa del Rosario quedara más allá de la frontera, despertaría mayor interés, movería a quienes deben disponerlos a entregar más recursos de todo tipo para mantener el lugar como lo merece, no como señal clara de lo que es el abandono.
Pero, no. Está acá, y por estos días, el ministerio de Cultura desarrolla allí un plan de recuperación y adecuación, para el que no tiene dinero: unos 30 mil millones de pesos. Se trata de rescatar de la desidia este complejo histórico.
Pero nadie aclara que rescatarlo implica que estaba abandonado, que “no se le han hecho obras de conservación de envergadura y con el paso de los años las dos hectáreas que conforman el parque Grancolombiano se fueron deteriorando”.
Es decir, a los gobiernos les ha importado menos que nada que el tiempo y el clima acaben con la cuna de la Nación, con un lugar que en todos los países está sujeto a los máximos cuidados, bajo un muy riguroso celo por preservarlo intacto…
Acá, no. En Colombia hay vergüenza por la cuna de la patria. Y es un fatal sentimiento general. ¿Dónde están los proyectos de los congresistas de Norte de Santander para mantener el Parque Grancolombiano impecable? Y ¿cuáles son los planes del gobierno departamental o del Municipio o de otras dependencias del Estado? No los hay, pues eso no genera un solo voto.
Así, pues, hay un proyecto, pero no hay dinero. El Mincultura, que ha ayudado a rescatar en la región obras de alguna envergadura como la de la Quinta Teresa, esta vez no tiene presupuesto sino para una cafetería y algunas cositas más.
Pero, el estado para esquemas de seguridad multimillonarios y para ostentar y para derrochar sí lo tiene. Y a raudales. ¡Vaya, patria esta…!
