En el último domingo de mayo los colombianos tienen una cita en las urnas para elegir al nuevo presidente de la República y su fórmula vicepresidencial.
Lastimosamente, las propuestas han quedado en un segundo plano para distraerse en el cruce de los cuestionamientos personales, en las angustias generadas por los resultados de las encuestas y en arañar los respaldos políticos de aquí y allá para procurar llegar fuertes al día de las elecciones.
Y como se ha vuelto normal, las noticias falsas, las tendencias a la manipulación y los planes de lado y lado para desestabilizar a la campaña contraria, elevan los niveles de la tensión.
Las regiones como Norte de Santander, el Catatumbo o la frontera bien merecerían que los ocho aspirantes presidenciales se sinceraran en este momento y les dijeran a los habitantes, qué piensan hacer para mejorar el actual estado de cosas.
Ya fuera mediante un debate por la plataforma zoom o por la difusión de documentos concretos que hicieran llegar a los potenciales electores y a la comunidad en general, resultaría siendo esencial en un momento como este.
El voto informado del cual tanto se habla, resulta un elemento trascendental para el electorado que espera mayor información sobre lo que se espera de quienes aparecen en el tarjetón.
Sin embargo, esto en la mayoría de las veces se queda en las buenas intenciones, porque los planteamientos no tienen la profundidad esperada para un análisis verídico sobre lo que podrían acarrear para el bolsillo o las expectativas de mejoramiento de las condiciones sociales y económicas, por ejemplo.
O sucede que se quedan en unos meros enunciados o quedan transformados en quimeras de difícil aplicación y que a todas luces son simples salidas para la caza de votantes a quienes después no les cumplirán porque del papel al hecho hay mucho trecho, y no era factible aplicarlas.
Insistiendo en las particularidades que tenemos como zona de frontera, es trascendental que las cartas sean expuestas sobre la mesa por todos los participantes en la contienda electoral, para saber a qué atenernos en los próximos cuatro años.
A ellos no hay que repetirles la masa de problemas que la región enfrenta, puesto que la gente de esta zona del país solo quiere es escucharlos y –si fuera posible- discutir y rebatir las iniciativas que tienen en el plan previsto.
El pedido no es difícil. Es simplemente que digan y expliquen y ratifiquen que lo propuesto hoy, antes de llegar a las urnas, será lo que de verdad irán a hacer cuando alguno de ellos logre el triunfo para ascender al solio de Bolívar el 7 de agosto.
Es que los cantos de sirena y de las promesas adornadas de ‘magia electorera’ ya sabemos que se diluyen y quedan ahí para recordarnos que muchos políticos cuando hablan al momento de actuar hacen todo lo contrario a lo planteado en la plaza pública o en las promesas de gobierno que han diseñado.
Solo sabiendo a qué tendrá que atenerse la región en caso de que equis o ye ganen, los electores nortesantandereanos podrán tomar una mejor decisión que marcará su futuro, luego de atravesar los traumas propios generados por la crisis sanitaria de la pandemia, como por los impactos que acarreó el cierre de la frontera, al igual que la violencia desbordada y los ya tradicionales desempleo e informalidad que arrastran pobreza y desigualdad.
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