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Editorial
Cuánto tienes, cuánto vales
‘Papeles de Panamá’ pone presente que, al menos en América Latina, a los ricos y poderosos no les llama la atención pagar impuestos.
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Miércoles, 6 de Abril de 2016

Mossack Fonseca es una empresa panameña cuyos socios tal vez quizás hoy quieran que no hubiera existido. Por razón de lo que hace —ayudar a ricos, viejos y nuevos, a esconder su dinero para no pagar impuestos— han generado un problema que podría incluso derribar varios gobiernos. El premier de Islandia, Sigmundur David Gunnlaugsson, ya dejó su cargo.

El problema para los abogados Jürgen Mossack y Ramón Fonseca Mora es que, pese a sus promesas de absoluta confidencialidad, sus poderosos clientes les reclaman porque en alguna parte un hacker logró meterse en su computador y robar 11 millones de documentos con datos de todos… y de sus dineros.

Pero, más allá de revelar nombres, cifras y fechas, el caso, conocido como ‘Los papeles de Panamá’, pone de presente que, al menos en América Latina, a los ricos y poderosos no les llama la atención pagar impuestos. Condescendientes, lo dejan para los honrados y los pobres. Les encanta, en cambio, esconder la plata.

Por eso, todos los estudios pasados, presentes y futuros coinciden en que mientras más rico se es, menos se aporta al Estado. Según reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el 10% más rico de América Latina posee 71% por ciento de la riqueza, pero tributa solo 5,4% de su renta.

Obviamente, en algunos países, los más ricos pagan entre 1% y 3% de su ingreso bruto, mientras en otros el porcentaje puede llegar a 10%. Pero, si se compara a la América Latina con el mundo desarrollado, todo es claro: Estados Unidos, Polonia, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia y Suecia, tributan entre 14,2 y 30,05%, en su orden.

Pero, además, este segmento de la población está en capacidad de eludir e incluso evadir el pago de impuestos mediante legalismos de los que los demás no disponen, gracias a pequeños ejércitos de abogados y expertos fiscales que solo ellos pueden pagar, y a los paraísos fiscales como Panamá e Islas Vírgenes, donde o no pagan impuestos o les cobran porcentajes ínfimos, y no hacen preguntas en torno del dinero que esconden.

Según el mismo estudio de Cepal, la evasión fiscal sobre la renta personal, corporativa y del IVA, le cuesta a Latinoamérica y el Caribe unos 321 mil millones de dólares al año, lo que equivale a 6,3% del Producto Interno Bruto de la región.

Pero, detrás del escándalo que comienza, hay realidades a las que se debe hacer referencia. En la lista, y pese a que los ricos tienen comportamientos muy parecidos en todas partes, en Los papeles de Panamá no figuran ciudadanos de Estados Unidos.

Tal vez se deba a que están llevando sus dineros de esconder a Nevada, un estado donde los bancos y el gobierno regional están montando un paraíso fiscal que puede hacer que los demás de vayan a pique, Panamá entre ellos.

El propio presidente Barack Obama esgrimió una excusa perfecta para que los bancos estadounidenses no detengan su proyecto. La evasión de impuestos es preocupación de escala global, aunque se lleve a cabo mediante fórmulas legales, o más bien, precisamente porque se ejecuta a través de maniobras perfectamente aceptadas por los gobiernos, dijo Obama al referirse al caso panameño.

“Es un problema global”, dijo, y Estados Unidos, no está al margen de él. “Muchas veces [las maniobras fiscales] son legales, ese es el problema, se están aprovechando del sistema”, dijo, en declaración que abre unas cuantas puertas en su país, pero cierra muchas otras en otros países.

Quizás se deba a que para Estados Unidos siempre ha sido mejor tener las montañas de dólares en sus propios depósitos y saber a quiénes pertenecen, que dejarlos en manos de extranjeros, que nunca les dirán los nombres que desean.

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