El mundo está hoy impactado por las afirmaciones y consideraciones que encajan dentro de las teorías conspirativas surgidas de figuras con alta influencia en la opinión internacional, máxime cuando se trata de un campo tan sensible como el de la salud.
Se trata de lo señalado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y secundado por su secretario de Salud, Ted Kennedy, sobre el supuesto efecto de la medicación de acetaminofén a embarazadas, que daría como resultado el nacimiento de niños con autismo.
Con pinzas hay que tratar un asunto de tal magnitud que debe de estar manejado por la ciencia y la medicina con todos sus estudios, análisis, exámenes y argumentos científicos.
Se ha advertidos que aunque algunos estudios de observación sugirieron un posible vínculo, los investigadores, incluido el autor principal de un amplio estudio sueco que abarcó 2.5 millones de embarazos, no encontraron ninguna prueba concluyente que respaldara que el paracetamol sea una puerta hacia que alguien sea autista.
En el portal de la Organización Mundial de la Salud se va más lejos, al incluir precisiones de que investigaciones mediante distintos métodos a lo largo de muchos años han demostrado que la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola no causa autismo.
Y también habla de una investigación sobre el conservante tiomersal y el aditivo aluminio, que forman parte de algunos preparados biológicos, que llegó a la conclusión rotunda de que esos componentes de las vacunas infantiles no aumentan el riesgo de autismo.
El surgimiento de esas teorías conspirativas lo único que generan es temor entre la población, animadversión y miedo a la toma de medicamentos señalados sin fundamentos comprobados de tener incidencia para llegar a tener la condición de autista.
En lugar de caer en esa clase de discusiones, la lógica señala que debería avanzarse mejor en todo lo relacionado con la atención y apoyo a quienes se encuentran en el espectro autista, generar más investigaciones y promover mayores opciones para ellos y sus familias.
Por ejemplo para el caso colombiano se habla de que por lo menos uno de cada cien niño, aparte de que se enfrentan desafíos en cuanto diagnóstico, tratamiento e inclusión social.
En nuestro país, en 2009 surgió la Liga Colombiana de Autismo, que en su portal recuerda que la condición del trastorno del espectro autista no puede limitarse a una visión clínica de trastorno o una forma anómala del desarrollo, sino que por el contrario, como una expresión de la diversidad humana; en la cual la persona transita una ruta diferente en el proceso de construcción sociocultural.
En el caso colombiano es indispensable que atienda y actúe frente al pedido hecho al mundo por el secretario de Naciones Unidas, António Guterres, de que “necesitamos sistemas sanitarios y educativos inclusivos, entornos laborales y diseño urbano para garantizar que las personas con autismo tengan las mismas oportunidades de prosperar”.
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