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Editorial
Cuando le juegan limpio a la paz
En momentos que hay  una guerra en el Catatumbo entre el Eln y la disidencia del frente 33, varios excombatientes que acataron el pacto, partieron con el propósito de construir un futuro mejor.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Desde Caño Indio, en Tibú, hasta la zona rural de Cúcuta se registró la llamativa movilización de una caravana que tiene un alto contenido de esperanza y una carga de simbolismo sobre lo importante que no es hacerle jugaditas al Acuerdo de Paz con las antiguas Farc, como firmantes del mismo.

En momentos que hay  una guerra en el Catatumbo entre el Eln y la disidencia del frente 33, varios excombatientes que acataron el pacto, partieron con el propósito de construir un futuro mejor.

Apostarle a la  paz sí vale la pena al notar en casos como este que ahora tendrán tierra propia al recibir 802 hectáreas, conformadas por dos predios, en las cuales tendrán la oportunidad de desarrollar proyectos productivos.

Esta es una marcada diferencia que deberían de tener en cuenta quienes ahora persisten en permanecer dentro de los métodos violentos mezclados con el narcotráfico. 

Los firmantes de paz que salieron de Caño Indio no solamente logran la opción de salvar la vida al haberse mantenido dentro del proceso, resistir las hostilidades contra ellos y ahora lograr encontrar una opción real para continuar su camino hacia la incorporación en la sociedad con mayores garantías.

Por ejemplo, para los disidentes que siguen sembrando terrorismo, dolor y muerte en campos y ciudades del departamento y del país, este es un buen ejemplo de la equivocada determinación que ellos y sus jefes tomaron de romper el acuerdo para persistir en el fragor de la guerra.

Para los ciudadanos se trata de un contraste que por sí solo lanza múltiples mensajes sobre quienes realmente  quisieron avanzar por el camino correcto hacia la conciliación nacional.

En este episodio, unos se fueron a seguir cumpliendo los compromisos asumidos y a adelantar las acciones contempladas dentro del programa Fincas para la Paz que se desarrolla articuladamente entre la Agencia Nacional de Tierras y la  Agencia para la Reincorporación y la Normalización. 

Otros, en cambio, hacen la guerra en el Catatumbo, asolan al Cauca y lanzan ataques en diversas regiones del país,  hostigan a la población civil, reclutan menores de edad y persisten en sus  vínculos con las actividades del narcotráfico.

Se trata de caminos contrarios que llevan a metas absolutamente distantes. Uno hacia la reconciliación, la productividad,   organizar su comunidad y consolidar un arraigo en la zona. El otro, el de los violentos, les marca un rumbo a la cárcel o al cementerio, y a quedar marcados como aquellos que le cerraron la puerta a la paz y se desmontaron de ella.

Ni Colombia ni Norte de Santander pueden seguir siendo sometidos a este yugo de la violencia por parte de organizaciones armadas ilegales que aunque adelantaron procesos de diálogo, pactaron ceses del fuego, unas, y otras hasta alcanzaron a llegar al acuerdo, hoy persisten en martirizar a los territorios.

La actitud de quienes pese a todos los tropiezos, amenazas y dificultades se mantuvieron firmes con un pacto que no ha sido perfecto pero que sí dio la oportunidad para avanzar la concordia y el entendimiento entre diferentes, es el mejor espejo en el que se tienen que mirar los combatientes del Eln y los disidentes de las Farc para que tal vez recapaciten y vean opciones distintas y no violentas tanto para ellos como para el país.


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