El Catatumbo está compuesto por 11 municipios que ocupan 6.520 kilómetros cuadrados al nororiente de Norte de Santander, en la frontera con Venezuela. Y allá hay una organización llamada Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat), que al leer su nombre se pensaría que encarna el pensamiento y aspiraciones de los hombres y mujeres del campo catatumbero.
Pero el viernes pasado, en Tibú, se corrió el velo. Dos afirmaciones y actuaciones salidas de la propia comunidad y de la delegación gubernamental, pusieron al descubierto que Ascamcat no tiene el liderazgo ni aglutina ni representa las angustiantes y apremiantes necesidades de quienes viven y trabajan en esa región.
Eso suena sorprendente para una asociación que llegó a estar al frente del paro del Catatumbo y que ha sostenido negociaciones en la Mesa de Interlocución y Acuerdo con el alto Gobierno. La realidad puesta de manifiesto por organizaciones como Asojuntas de La Gabarra, dirigentes comunales de Campo Dos y Pacelli, Asoprocat, avicultores, productores de palma y cacao, entre otros, es que ellos rechazaron la vocería de Ascamcat a nombre de los campesinos de la zona.
Aquél 29 de julio, mientras más de medio centenar de representantes de organizaciones campesinas e indígenas plantearon proyectos enfocados en la producción, tratamiento y comercialización de ganado, plátano, cacao y acuicultura, miembros de Ascamcat protestaron en las afueras a las afueras del Centro de Integración Ciudadana de Tibú, porque según ellos no los invitaron.
Y el ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, dejó en clara evidencia que hay un nuevo ritmo en la relación con el Catatumbo. Allá les dijo a los productores que presentaran sus iniciativas ellos mismos, sin intermediarios, y les recordó que en 2015 llegaron al departamento $20.000 millones sin intermediación de nadie. Para mayor evidencia de que ese cambio va en marcha, lo confirma el siguiente tuit del viceministro de Desarrollo Rural, Juan Pablo Díaz Granados: “Desde el Catatumbo (Tibú) trabajamos con los campesinos, directamente y sin intermediarios @MinAgricultura”.
Al evaluar los acontecimientos, no es aventurado indicar que Ascamcat está cosechando lo que sembró. Como consecuencia del paro del Catatumbo, en 2013, habitantes de Tibú y de otras localidades llegaron a sentirse presos en su propio territorio, por los bloqueos. Por efectos de la protesta la carestía se impuso, muchos quedaron al borde de la quiebra, la gente no podía salir ni entrar. De ese paro, el párrafo de una información describe el dramatismo de lo que la gente vivió hace tres años: “Ya no aguanto más esta situación, no tengo qué comer, todo lo estoy pagando muy caro, los niños no han podido iniciar sus clases en los colegios, tampoco he podido volver a trabajar. Ya es justo de que esto se acabe”. Esas palabras fueron de José de Jesús para el entonces viceministro del Interior, José Noé Ríos, en el Concejo tibuyano.
En medio de ese reacomodamiento, lo importante es que se lleven a la realidad los planteamientos esbozados para el territorio del Catatumbo por el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo: “nos interesa de sobremanera para el posconflicto fortalecer el desarrollo agropecuario (...) nos vamos con muchas tareas de fortalecer los proyectos de sustitución de cultivos, fortalecimiento de organizaciones sociales, entre otros (...)”.
