Está bien para Colombia que su gobierno busque ejercer liderazgos y mostrar preocupaciones por el bienestar de sus ciudadanos. Al fin y al cabo, para propósitos como este último es que son elegidos los gobernantes.
Pero, siempre, los líderes políticos deben tener cuidado con iniciativas que pretenden, a primera vista, favorecer en algún sentido a la población, pues, algunas veces, por buscar el bien, se termina haciendo un mal o, al menos, propiciándolo.
Es la situación generada por la ley que amplía la licencia de maternidad a 18 semanas. La norma tiene dos consecuencias inmediatas, pero hay una en la que la opinión pública no ha reparado con suficiente atención, y que podría llevar a que, en la realidad, como dice el pueblo, resulte peor el remedio que la enfermedad.
Nadie discute los enormes beneficios que se derivan para un bebé del hecho de que la madre lo acompañe durante el mayor tiempo posible a partir del momento en que nace. La adecuada atención brindada por la madre, y la lactancia materna, son fundamentales para el resto de la vida del recién nacido.
Ese tiempo fue ampliado de 14 a 18 semanas, durante las cuales, la madre trabajadora recibirá el pago de su salario completo y tendrá la garantía de volver a su puesto de trabajo al terminar su licencia.
Para entonces, se supone, el bebé ya habrá recibido los cuidados necesarios en sus primeros días de vida, aunque seguirá dependiendo de la lactancia, para la cual, hay una norma que obliga a las empresas grandes a disponer de espacios higiénicos y saludables para que las trabajadoras puedan extraer la leche materna.
Con esta ampliación, Colombia pasa a encabezar algunas listas de países en los que la maternidad recibe atención especial, al menos en lo relacionado con el pago del tiempo sin laborar. El reconocimiento positivo de ese liderazgo nadie puede discutirlo: cada día, los países buscan generarle mayor bienestar a sus ciudadanos.
Pero, por otro lado, la norma puede generar consecuencias que podrían, a la larga, comprometer y desvirtuar la buena intención de congresistas y presidente de la República. Y estas consecuencias tienen que ver con la economía.
El hecho hipotético de no disponer de empleadas durante 18 semanas, porque están en licencia de maternidad, puede determinar políticas excluyentes en materia de contratación. Los patronos lo pensarán dos veces antes de vincular mujeres a sus empresas, y en su lugar contratar hombres, que garantizarán que estarán ausentes solo en casos esporádicos, la mayoría de las veces por lapsos muy cortos.
Son razones netamente económicas, muy comprensibles, en especial en las empresas pequeñas y medianas —que son la enorme mayoría en Colombia—, a las cuales nadie puede oponer razones de otra índole. En la balanza empresarial pesa mucho más, en ciertos momentos, el recurso económico que el humano.
Quizás si el Gobierno determinara estímulos de algún tipo para compensarles a los empresarios el impacto de las licencias de maternidad, se estaría haciendo mucho más de lo decidido hasta ahora.
Si no, mañana la fuerza laboral colombiana estará mucho más marcada que hasta ahora por la presencia mayoritaria de los hombres. Y nada podrá cambiarlo.
