Cuando el 29 de abril comience la proscripción de las bolsas de plástico del supermercado, Colombia habrá dado, por fin, uno de los muchos pasos que debe dar para ponerse al día en materia de preservación y defensa de la naturaleza.
Ese día morirá la bolsa de 30 por 30 centímetros, uno de los principales y más letales factores de contaminación del medio ambiente en el planeta: tanto así que, según Naciones Unidas, en 2050 habrá más plástico que peces en el mar, y un alto porcentaje del plástico serán las conocidas bolsas de usar una vez y tirar.
Es posible que la medida genere cierto disgusto, en especial entre clientes de supermercados, pero es una decisión que se está tomando muy tarde: países como Sudáfrica eliminaron las bolsas desechables de plásticos desde 2003. Pese a ello, hoy aún hay un consumo de 10 por ciento, en especial como empaques de productos importados. Las bolsas parecen muy arraigadas en la cultura popular.
Lo importante es que en Colombia se decidió darles muerte a esas bolsas, que podrán ser reemplazadas, siempre que se cumplan cuatro condiciones: que sean más grandes de 30 por 30 centímetros, que su calibre sea suficiente para el soporte de la carga definitiva, que tengan mensajes visibles sobre el uso racional del plástico, y que el comercio que las use les ofrezca alternativas a sus clientes.
La gravedad de la contaminación se puede medir por los 177 mil millones de bolsas que se ahorraría Colombia cada año si por lo menos uno de cada cinco habitantes dejara de usarlas durante su vida, calculada en 77 años.
Otro problema es que las bolsas de plástico pueden durar hasta mil años, para luego destruirse en pequeños trozos que, de todas maneras, son causas de problemas: en el mar pueden ser consumidos por peces, que los confunden con comida, y luego van a dar al plato de alguien, que también los ingiere.
Los fabricantes de bolsas plásticas tienen ahora una excelente oportunidad de poner su imaginación al servicio de la vida: generar productos ambientalmente aceptables, en lo posible rápidamente biodegradables, porque lo de las bolsas de 30 por 30 centímetros es solo el primer paso para erradicar el plástico al menos de los supermercados.
Y, aunque en Europa, por ejemplo, se ha suplido el plástico por el papel, la idea ha comenzado a descartarse, en razón del gran impacto sobre la naturaleza por la necesidad de destinar más y más tierras
para cultivo de pinos papeleros.
Habrá que volver a los tradicionales canastos y costales que iban hasta la tienda de abastos o hasta la plaza de mercado. No eran elegantes, de acuerdo, ni elementos que hicieran sentir cómodos a sus eventuales usuarios, pero al menos no contaminaban y eran fuente de ingreso para muchos artesanos. Es cuestión de hacerlos atractivos…
O copiarle a algún país del norte de Europa, donde los supermercados les prestan a sus clientes los carritos, para que lleven todo hasta el auto y en el baúl lleven el mercado a casa. Sería una solución parcial, porque en Colombia no todo el mundo tiene auto, pero contribuiría en el afán de dejarles a los hijos el mundo que cualquiera quisiera para sí.
Es este un momento de oportunidad para alguien que quiera innovar en su empresa de empaques o en su idea de emprender negocios. La comida, que siempre será objeto de negocio, necesita ser empacada en la tienda para poder llevarla a casa. Hay que idear, entonces, métodos para hacer esto sin perjudicar al medioambiente.
Pero, algo es claro y definitivo: algún día no habrá más plástico desechable en forma de bolsas y de botellas y otros empaques. ¿Alguien tiene idea de cómo reemplazarlo? Es su momento.
