En todo auto, la única que viaja cómoda sin el cinturón de seguridad es la muerte. Pero también es la única que en caso de accidente resulta ilesa. De todos los demás ocupantes del vehículo, 7 de cada 10 mueren o resultan incapacitados de por vida.
La estadística se refiere solo a una parte de las consecuencias de la forma soberbia como se comporta el ser humano en un auto. La enorme mayoría, claro, pero la minoría excepcional lo único que hace es confirmar la regla.
Pensar que en caso de accidente a todos les puede ocurrir algo, menos a uno, es totalmente estúpido y de ordinario es mortal porque, como dijo un agente de seguros, “para matarlo, la muerte siempre selecciona al que no lleva cinturón”.
En los países latinoamericanos donde se viene luchando desde hace varios años para que los automovilistas usen el cinturón de seguridad, las estadísticas son dramáticas: 90 por ciento de los conductores lo usan, pero entre los copilotos la cifra cae a 40. Y entre los ocupantes de las sillas traseras, solo uno de cada 10 lo utiliza. Y son los pasajeros de atrás los que sufren, por razones de inercia, las peores consecuencias en todos los accidentes.
En los países donde el cinturón es un adorno, donde los automovilistas lo ponen sobre sus hombros solo para aparentar, como lo hacen casi todos los taxistas de Cúcuta, las cifras de lesionados y muertos son descomunales.
A una velocidad de solo 50 kilómetros por hora, el choque de frente puede ser mortal para un pasajero que salga expedido por el parabrisas. Y de ordinario, salen por allí todas las personas que no van adecuadamente sentadas y sujetas.
¿A quién pretenderán engañar cuanto lo hacen? A nadie, ni a la muerte, porque ella viaja siempre junto a los choferes desdeñosos de las normas como la del cinturón.
Y muy posiblemente ahora tampoco puedan engañar a los policías locales, que desde esta semana están estrechando todos los controles para imponerles a los choferes irresponsables, multas cuantiosas y otras sanciones.
El automovilista es el responsable de que en el vehículo que conduce todos los ocupantes usen el cinturón de seguridad de manera correcta. Y el término todos incluye a quienes viajan en los puestos de atrás.
Hay quienes consideran que usar este implemento es incómodo. Pero, en realidad, es más incómodo pasar muchos días en una cama o en silla de ruedas. Valdría la pena preguntarles a esas personas si no lo usan porque prefieren la eterna comodidad de estar acostado en una tumba.
Usar este dispositivo debería ser casi un acto reflejo de toda persona que aborde un automotor, cualquiera que sea. Como acudir a la billetera cuando se trata de pagar algo. ¿Tan difícil es?
Usarlo multiplica las posibilidades de sobrevivir a una colisión seria, ya que evita golpearse contra el parabrisas o las sillas delanteras o salir expedido por cualquiera de las ventanillas. Y permite enseñarles a los hijos, para que lo graben en su subconsciente, que se les ama.
