Alguna razón tiene que haber que explique un fenómeno muy particular, el del café y su industria, que pese a haber nacido en Norte de Santander a punta de penitencias confesionales y bendiciones del cura Francisco Romero en Salazar de las Palmas, pasó lánguidamente a un plano secundario durante muchos años.
No importa cuál haya sido la causa. El hecho importante y que de verdad es interesante para el departamento, es que nuestro café ha regresado, triunfante, a ocupar los sitios de privilegio, al menos en cuanto a la calidad, que le corresponden.
Diez pequeños productores de Labateca, Toledo y Herrán fueron calificados entre otros 70 de toda Colombia, para tomar parte en el II Concurso Nacional de Calidad de Café ‘Colombia, tierra de diversidad’, que pretende seleccionar y premiar los mejores granos del país.
Diez entre 70 es una proporción importante, pero lo es más si se tiene en cuenta que todos los nortesantandereanos seleccionados son como Miryam Rico y Alfredo Silva, propietarios de fincas de una y tres hectáreas en las que el café se combina en el surco con productos de pancoger.
Para Rico, representar a Herrán es resultado de un proceso cafetero que se centra en dos aspectos fundamentales: su cariño y sus cuidados para las pocas, pero portentosas, matas de café que le dejó su marido cuando murió hace dos años.
Los cafés nortesantandereanos seleccionados están destinados para los más exigentes compradores internacionales de un mercado tan competido que, más que la cantidad, es la calidad la que define los negocios. Y saber que los productores de Norte de Santander están satisfaciendo a los compradores que de verdad saben de sabores, es un punto difícil de obtener.
Y esto de la calidad está favoreciendo a Norte de Santander, de la que 50,3 por ciento, por lo menos, es considerada como de cafés especiales, es decir, de los que de verdad marcan las diferencias. En ello influyen el medioambiente, el clima, el agua, la polinización, los minerales de los suelos, en fin, múltiples factores que, combinados de manera ideal, le dan a un café un sabor que no se parece a otro…
Desde luego, también influyen los cuidados de los productores, obedientes todos de las orientaciones de la Federación Nacional de Cafeteros, principalmente ocupada en la búsqueda de nuevas variedades y nuevos sabores, antes que en la producción por millones de sacos.
Lo ocurrido con los cafeteros, es una oportunidad para hacer referencia a los productores de cacao, llamados a tener la mejor calidad del mundo: al fin y al cabo, el cacao nació aquí, en estas tierras, y como el café desde Etiopía, de acá pasó, en tiempos precolombinos, a Centroamérica y México, donde se hizo famoso y se fue a conquistar el mundo.
Si con el café nuestros campesinos están logrando éxitos resonantes, con el cacao o con el producto que sea también pueden hacerlo. Solo les falta un poco de apoyo gubernamental, mejor infraestructura en vías de comunicación, y buenos promotores, como los de los cafeteros.
Hay que trabajar en ello.
