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Editorial
Ahora sí, pues
¿´Por qué no darle la oportunidad a la paz que pide Santos, y a la sociedad en general?
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La opinión
La Opinión
Domingo, 13 de Noviembre de 2016

Ya está el nuevo texto del manoseado acuerdo de paz entre el gobierno y las Farc. Pero, también, ya están los peros y las objeciones de opositores encabezados por el senador Álvaro Uribe Vélez.

En el texto quedaron incluidas 56 de 57 observaciones de los partidarios del No en el plebiscito. Sin embargo, Uribe considera que el documento no debe tener alcance definitivo, es decir, debe permanecer abierto a nuevas modificaciones.

Pero, pocas horas después de un almuerzo con Uribe, el preside Santos cerró toda posibilidad de cambios en el texto, y aprovechó para invitar a los colombianos a darle una oportunidad a la paz.

“Este acuerdo, renovado, ajustado, precisado y aclarado debe unirnos, no dividirnos –dijo–. Es mi invitación. A que nos unamos, así el acuerdo no satisfaga todas las aspiraciones de todos los sectores”.

Y, la verdad, ese es el deseo no solo del presidente sino de todo el país, hoy ya hastiados del desgaste en todo sentido que han implicado tanto la negociación como la renegociación, que, en el fondo, ha resultado fundamentalmente cosmética, salvo dos o tres asuntos con algún fondo.

Lo que se debe tener en cuenta es que el país no soporta que se le den más largas a un asunto que si bien es esencial para el futuro, incluye los ajustes que la oposición política, el empresariado y algunas iglesias cristianas radicales pidieron discutir y ajustar en el texto.

Cualquier otro paso diferente a poner en práctica todo el acuerdo nos quitará lo que nos pueda quedar de seriedad como sociedad y como país, que a juzgar por las reacciones mundiales en relación con el plebiscito, parece no ser mucho.

Hay un aspecto que deberían mirar en detalle los opositores al acuerdo que, de todos modos, son opositores a la paz: la paciencia y la condescendencia con  las que las Farc han encarado la renegociación.

Realmente, surgieron dudas de que el comportamiento fuera el demostrado hasta ahora, acostumbrados como están, los guerrilleros, a la acción antes que a la reflexión, al combate, antes que al diálogo… Pero cumplieron.

El único punto que no se reajustó es el relacionado con la posibilidad de que representantes de las Farc que hayan cometido delitos graves puedan ser elegidos al Congreso y a otras posiciones en la burocracia del Estado.

Pero, en este sentido, Colombia tiene ya experiencia suficiente derivada de, por ejemplo, los acuerdos de paz con el M-19 y el Epl, de donde salieron algunas personas que han llegado, incluso, a ser considerados los mejores congresistas, los mejores alcaldes, e incluso han ocupado ministerios.

Hay que tener en cuenta que hay un cese al fuego bilateral que se prolongó para dar oportunidad a la renegociación. Pero esa situación de statu quo no es de las que se pueda prolongar de manera indefinida, y menos, con personas a las que la inmovilidad la exaspera, como son los guerrilleros.

Pero ellos han cumplido todos sus compromisos, y es  previsible que sigan en esa actitud. Así que, ¿por qué no darle la oportunidad a la paz que pide Santos, y a la sociedad en general, que quiere pasar noches y días más tranquilos, como los que ha vivido hasta ahora, pero por siempre?

No sería entendible ni probable alargar más la situación.

 

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