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Editorial
Agua que has de beber
Poco importa al mercado si muere de sed. Importa en la medida en que el muerto es un cliente potencial menos.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 5 de Diciembre de 2016

Que haya sectores sociales que consideren que con proyectos como el de la Alianza Biocuenca se pretende privatizar el agua es apenas una muestra pequeña de la cultura que se impone desde la burocracia, donde los resultados pregonados de la gestión se riñen de manera fundamental con la realidad.

Y que entre esos sectores haya políticos es una señal de que, tal vez, el temor de que el agua sea tratada como una mercancía exclusiva de algunos poderosos tenga algún viso de certeza, no sea un simple temor. Tal vez.

La falta de transparencia, por un lado, y la creciente adhesión internacional a la prédica del presidente mundial de Nestlé, Peter Brabeck-Letmathe, despiertan a veces más suspicacias de las deseadas por los gobiernos.

El empresario sostiene que el agua no es un derecho, que debe tener un valor de mercado y que debe ser privatizada. Está en línea con la multinacional Monsanto, en cuando a la propiedad privada de semillas obtenidas a partir de la manipulación genética de las originales.

Así, quien no pague por el agua de ríos, lagos, mares… a grandes consorcios, no bebe. Poco importa al mercado si muere de sed. Importa en la medida en que el muerto es un cliente potencial menos. Quien no compra, no consume.

Es probable que el temor de sectores sociales y políticos en relación con todo lo que se mueve en torno de la Alianza Biocuenca y el Páramo de Santurbán tenga origen en el hecho de que entre los promotores hay una gran corporación cervecera que necesita de grandes cantidades de agua para su negocio.

Y es también posible que la presencia y el interés de ciudadanos suizos entre los promotores del proyecto exacerbe aún más lo puntilloso de la desconfianza creciente, pues es de ese país, sede de la empresa que dirige Brabeck-Lethmathe, de donde viene la idea privatizadora.

Pero, ¿por qué la desconfianza? Y ¿por qué, esa situación curiosa, por decir lo menos, en la que unos políticos no les crean a otros? Y ¿por qué la Asamblea de Norte de Santander se opone a aprobar la autorización al departamento para que adhiera a la Alianza Biocuenca, si se supone que se busca proteger el páramo como fábrica natural de agua?

Se podría pensar en que la cultura política y, en especial, su práctica, está fundamentada en muchas promesas incumplidas, razón que llevaría a desconfiar…

Pero, también, es dable pensar en que el secretismo con el que se manejan algunos asuntos en algunas dependencias del Estado, las versiones parciales y las verdades a medias que se acostumbran, pesan mucho incluso entre los políticos.

La verdad, no hay suficiente claridad en torno de lo que se pretende, pero, mucho menos, en relación con lo que no se pretende. No basta decir que el agua de Santurbán no se privatizará en favor de una o varias multinacionales: hay que demostrarlo, y convencer más allá de la duda, y parece que esa etapa no se ha cumplido de manera satisfactoria.

En realidad, este aspecto es el que debe quedar más claro que todos los demás.

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