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Economía
Riesgo climático y presión energética ponen a prueba la estabilidad macroeconómica de Colombia 
En un escenario de menor disponibilidad hídrica, analistas prevén que las tarifas eléctricas podrían incrementarse entre 20% y 40%.
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La opinión
La Opinión
Martes, 24 de Marzo de 2026

Colombia enfrenta en 2026 un escenario de alta exposición climática que podría traducirse en presiones inflacionarias, incremento en tarifas eléctricas y mayores costos operativos para la industria, configurando un nuevo frente de riesgo macroeconómico para el país.

El WorldRiskIndex 2024-2025 ubica al país como el de mayor riesgo de desastres en América y el cuarto a nivel mundial, mientras que el índice ND-GAIN advierte vulnerabilidades persistentes en sectores estratégicos como agua, infraestructura y seguridad alimentaria.


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Este panorama coincide con señales de tensión en el sistema energético. Tras una intensa temporada invernal, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) proyecta la posible llegada del fenómeno de El Niño en el segundo semestre, lo que podría reducir los niveles de los embalses que soportan la generación hidroeléctrica, fuente predominante de energía en el país.

El director general de NYCE en Sudamérica, William Vizcaíno, dijo que el riesgo climático debe analizarse como una variable macroeconómica. “La estabilidad del sistema eléctrico será determinante para la competitividad y el crecimiento”, apuntó.

Según estimaciones del operador XM, la demanda energética crecería cerca de 3% este año. En un escenario de menor disponibilidad hídrica, analistas prevén que las tarifas eléctricas podrían incrementarse entre 20% y 40%, con impactos potenciales sobre:

  • Índices de precios al consumidor
  • Costos industriales y márgenes empresariales
  • Competitividad exportadora
  • Confianza inversionista en sectores intensivos en energía

Eficiencia energética: herramienta de mitigación económica

La reciente certificación energética bajo el Reglamento Técnico de Etiquetado (RETIQ) emerge como una herramienta estratégica para reducir exposición tarifaria, proteger márgenes empresariales y fortalecer la resiliencia del sistema eléctrico.


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La adopción de productos eléctricos, motores industriales y sistemas de iluminación con certificación de alta eficiencia (clase A y B) puede generar reducciones estructurales en consumo energético, tanto en hogares como en sectores productivos,
contribuyendo a:

  • Disminuir la presión sobre el Sistema Interconectado Nacional
  • Mitigar el riesgo de racionamientos en escenarios de sequía
  • Contener impactos inflacionarios derivados de energía
  • Mejorar productividad en manufactura, logística y servicios
  • Fortalecer la competitividad regional frente a otros mercados latinoamericanos

La certificación en 2026 no es solo un cumplimiento regulatorio; es una medida de adaptación económica. La eficiencia energética reduce vulnerabilidad ante choques climáticos y protege la estabilidad del sistema”, afirmó Vizcaíno.

Desde una perspectiva de mercado, acelerar los procesos de evaluación y certificación también puede favorecer el comercio intrarregional de equipos eléctricos, reducir tiempos de entrada al mercado y generar economías de escala para fabricantes y distribuidores en América Latina.


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Energía y riesgo país

Para inversionistas y analistas internacionales, la evolución del sistema energético colombiano durante 2026 será un indicador clave en la evaluación de riesgo país. En una economía con alta dependencia hidroeléctrica, la gestión de la eficiencia energética y la resiliencia regulatoria pueden convertirse en factores determinantes de estabilidad macroeconómica.

En un entorno global de volatilidad climática y transición energética, Colombia enfrenta el desafío de transformar su vulnerabilidad en una oportunidad de modernización estructural. La capacidad de anticipación y adaptación del sector eléctrico será central para preservar la competitividad, contener presiones inflacionarias y sostener el crecimiento económico. 


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