El presidente de Chile, fiel a sus promesas de campaña, ha iniciado la deportación por diferentes vías, de inmigrantes ilegales que estén implicados en actividades delictivas, política en la que coincidieron todos los candidatos en las pasadas elecciones. También está utilizando como Trump, la vía aérea. En el vuelo “inaugural”, la mayor parte de los deportados fueron colombianos.
Igualmente está trabajando en la construcción, en puntos críticos de la frontera con el Perú, de zanjas, muros y vallas de seguridad para impedir el paso de personas y vehículos. Además, está instalando sensores de movimiento, drones, radares térmicos y torres de observación.
Ecuador no ha construido zanjas ni muros a lo largo de la frontera con Colombia, porque buena parte de ella está constituida, más que por zanjas, por los caudalosos ríos Mataje, Mira, Carchi, Putumayo y San Miguel, entre otros. En lugar de muros, el nevado de Chiles y los empinados cerros de La Oreja y de Pax.
El presidente Noboa acusa a Petro de no haber tomado acciones efectivas para impedir el paso de delincuentes a territorio ecuatoriano e inicia una absurda guerra de aranceles. No obstante, es sabido que grupos armados colombianos se encuentran en zonas cercanas a la frontera colombo-ecuatoriana o sobre la frontera misma.
Un medio de difusión publicó un informe en el que se demostraba que escuelas de niños en el departamento del Cauca son usadas como campamentos de los grupos armados, así como para guardar explosivos y esconder cuerpos. Mientras que, en el Putumayo, en el sitio La Victoria, sobre la frontera común, soldados son asesinados por “lluvias de drones”.
Ni hablar de la frontera con Venezuela. No obstante que Maduro está en la cárcel y que los Estados Unidos son el “estado administrador”, la situación en Cúcuta, en el departamento de Norte de Santander y en la región del Catatumbo, es de alarmante deterioro. Los grupos armados compiten a sangre y fuego por su control. Las trochas en la frontera siguen controladas por bandidos, mientras francotiradores y drones matan a soldados, policías y a la población civil.
El ELN, que ahora es colombo-venezolano, controla enormes regiones a ambos lados de la frontera. Se está cumpliendo de facto “la zona de paz y de integración” acordada entre Maduro y Petro. La gente no tiene alternativa y paulatinamente se va encerrando silenciosamente como en guetos, para sobrevivir.
La acción contra la migración ilegal en los Estados Unidos evitó que el presidente de Panamá hubiera construido, como lo anunció, un muro en la frontera con Colombia en el sector del Tapón del Darién, que no conocía.
Como si fuera poco la sucesión ininterrumpida de escándalos palaciegos y cables cruzados entre agencias personalizadas de inteligencia y gestores de paz, nos colocan en primera línea en el ámbito internacional. Menos mal que con los arranques de Trump, pasamos a un segundo plano.
Entre tanto, mientras nos escandalizamos con un abaleo en las pirámides de Teotihuacan y pasamos de agache las masacres diarias en los cuatro puntos cardinales de nuestro lindo país. ¿Seguiremos así indefinidamente? ¿Será que debemos acostumbrarnos?
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