A finales del año enSaint-Tropez se nos fueBrigitte Bardot, símbolo del atrevido cine francés manejando con lucidez su soledad a los 91 años.
A mediados de 1962, siendo primíparos del externado de Colombia, íbamos a los cines con censura por la carrera 13, para mayores de 21 años; así que tuvimos que sobornar porteros delos Teatros Lux y Tequendama para verla en películas como: “Y Dios creó la mujer, La verdad ¡Viva María! y Don Juan”.
Brigitte era la nuestra; a quien Serge Gainsbourg le escribía canciones y Picasso la invitaba a su estudio y los fotógrafos la perseguían por la Riviera francesa.
Fue una época interesante y los universitarios andábamos uniformados con la imprescindible y afrancesada gabardina. Tal cual como la impuso Humphrey Bogart en Casablanca.
¿Quién que fue digno poseedor de una gabardina, no la conserva en su armario? Se preguntó Peter Turnley el fotocronista eternode Newsweek, maestro de la resiliencia, la dignidad y la dualidad de la condición humana en el fin del milenio y el comienzo del nuevo.
La Bardot nos tramó, desde el 1ºde enero de 1963,cuando en la televisión francesa sorprendió al mundo cantando el bambuco “Qué hay de cuchipe, qué hay de dolores”, siendo una luchadora que desde su infancia burguesa se dedicó al baile clásico.
De ahí saltó al cine bajo la dirección de Roger Vadin y modernizó el mundo femenino con su sensualidad, rompiendo tabúes y prejuicios estúpidos, con 47 películas clásicas del cine europeo y más de sesenta canciones.
Tuvo con Jacques Charrier su segundo marido un hijo no deseado y distante, Nicolás, criado por sus abuelos paternos. En 1986 Brigitte Bardot destapó sus actividades por sus convicciones personales y creo con su nombre la Fundación para la protección y defensa de los animales y es hoy quizás la voz más escuchada en el mundo contra el maltrato animal: “He dado mi juventud y mi belleza a los hombres; ahora doy mi cordura y mi experiencia a los animales”.
Escribo estas líneas con nostalgia, porque un columnista vecino la calumnió, afirmando que “fue una novia clandestina de muchos ochentones de hoy que hicimos la primaria sentimental a distancia, amando imposibles de dos pies”.
Inclusive Francois Mitterrand se propasó diciendo que el destape-deshabillé de la Bardot fue la liberación de la mujer y los curas párrocos en estos pueblos de Dios amenazaban excomulgar a propietarios de salas de cine por incitar a los muchachos al pecado de Onáncon sus películas.
Nadie quería creer que Brigitte Bardot a los 39 años se hubiera retirado del cine en los momentos de mayor éxito, de las luces y las cámaras, de los contratos millonarios, de la fama y la adulación por la causa que la obsesionaba; la defensa de los animales.
Adenda:“La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tratados”, Mahatma Gandhi.
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