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Un pequeño paso para toros y gallos, un gran paso para los animales
Perder la esperanza en que el hombre (y también la mujer) pueda ser mejor, es completamente inane, fútil y no aporta en nada.
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Miércoles, 24 de Septiembre de 2025

Con frecuencia —diría que con bastante frecuencia— la humanidad me decepciona: pareciera que siempre damos un paso adelante y dos hacia atrás (casi como si lo de Gaza y Ucrania lo confirmara). Sin embargo, cómo señala la historiadora Diana Uribe, por más sombrío que sea el panorama, nunca debemos perder la fe en el ser humano.

Perder la esperanza en que el hombre (y también la mujer) pueda ser mejor, es completamente inane, fútil y no aporta en nada. Así seamos la peor escoria del planeta, igualmente debemos lidiar con lo innegable e inevitable, estamos vivos y debemos lidiar con esa existencia.

Cómo docente, tampoco sería muy pedagógico transmitir la idea —a quienes apenas comienzan a vivir— de que irremediablemente somos protervos (o imbéciles) y no podemos hacer nada para cambiarlo. Así pues, no queda otra alternativa que creer que, si avanzamos dos pasos, solo retrocedemos uno.

Lo que sucedió en Colombia el 4 de septiembre lo demuestra. La Corte Constitucional no solo ratificó la prohibición de las corridas de toros (hasta el más optimista de los animalistas daba pocas posibilidades a que dicha ley fuera reafirmada), sino que también abolió las peleas de gallos, las becerradas, las novilladas, las corralejas, el coleo, el rejoneo y las tientas.

Al prohibir estás prácticas crueles con los siempre inocentes, esta alta corte ha dado un gran paso para eliminar esas retrogradas y bárbaras tradiciones que heredamos por línea española, y también por línea indígena.

Por otro lado, resulta realmente vergonzoso y decepcionante escuchar lo que dice el senador Alirio Barrera, del Centro Democrático: las "corralejas, peleas de gallos finos y el coleo… (son) considerad(as) patrimonio cultural de la nación”. “Uno no ve a un campesino jugando golf ni de tenis. La forma que tiene el campesino de salir a distraerse es en el coleo, en una vaquería y jugando gallos. Eso es lo que más de la mitad del territorio nacional tiene como expresiones culturales."

Ya me imagino a los alirios barreras de la época del Imperio romano: "no pueden prohibirse los lindos espectáculos que se presentan en el Coliseo. Esto hace parte de nuestra tradición. Además, los romanos no sabemos hacer otra cosa para divertirnos. La vida de los reos condenados a muerte no importa: o son despedazados por leones o tigres, o son decapitados".

También me imagino a los alirios de hace doscientos años: "¡cómo se les ocurre que van a dar libertad a los esclavos! Mis abuelos y mis padres tuvieron esclavos.  Yo tengo diez, que a propósito me costaron un ojo de la cara. La mano de obra esclava ha sido la fuente de prosperidad (y de placer gratuito, por parte de las esclavas jóvenes y hermosas) de esta familia por generaciones. ¡Nos quieren arruinar y matar de hambre!"

En todos los lugares y épocas hay personas que pretenden que costumbres infames sigan vigentes. Pero, por suerte, dentro de la noche —como sinónimo de oscuridad— en la que vive la humanidad, también hay personas con la suficiente sensatez para alumbrar el camino por el que debemos seguir. O como Albert Camus: "el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es". O dicho con otras palabras: no estamos condenados a ser siempre crueles ni bárbaros.

En lo referente al respeto por la vida animal, aún queda mucho por hacer. Esto es solo el inicio. Pero también estoy totalmente convencido de que los alirios que hoy justifican la ingesta de carne como vital e indispensable, algún día serán también parte del pasado, como ya los son los tres alirios mencionados renglones atrás.


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