Este domingo tenemos una misión de país, una responsabilidad colectiva con la región y las generaciones venideras: vamos a elegir el nuevo Congreso de la República.
Las cifras de la Misión de Observación Electoral preocupan: en 2022, la abstención en el departamento rondó el 54% en Senado y Cámara. De casi 1.300.000 personas habilitadas, solo hubo 550 mil votos válidos. Por la curul de víctimas del Catatumbo votaron tan solo el 46% de los habilitados, y la lista ganadora obtuvo la victoria con 7 mil votos para representar a 60 mil personas, campesinos y/o víctimas de esta región golpeada.
Solo 4 de cada 10 nortesantandereanos eligen a los silenciosos congresistas de todos.
Entonces la primera conclusión es: SALGAMOS A VOTAR. Todos, sin falta, el domingo desayunamos y nos dirigimos a las urnas, a votar, para no quejarnos, para manifestar qué representantes queremos en la institución que, si bien solo cuenta con una imagen positiva cercana al 30%, es la más importante del Estado, el Congreso de la República.
Si usted que me está leyendo aún no se decide por salir a votar o desconfía de la política, venga y charlemos, no para convencerlo de un candidato en particular, sino para entender que, si no nos metemos en política, es esa misma política la que sí se mete con nosotros. Participar nos da derecho a exigir, al menos con mayor vehemencia.
Y hablando de exigir, tenemos 9 congresistas de la región que suelen pasar desapercibidos. El silencio es ensordecedor cuando sufrimos por la violencia, y a veces quienes terminan hablando por nuestro departamento son políticos de otras regiones.
Por eso, la primera exigencia a los futuros electos oriundos de esta tierra es clara: ¡mano, prendan el micrófono! Queremos congresistas con talante, que les duela el territorio y sus problemáticas, que llamen la atención del gobierno, que no le teman a denunciar el abandono, que pongan por encima la gente y no los contratos, que hagan crítica sana al gobernador y alcalde, que busquen soluciones; si callan, entonces son cómplices del abandono y el dolor.
Es un mito político aquella premisa que dice: “usted lo eligió, usted se lo cala” o “si usted ayudó a elegirlo debe aguantarse y callar” No, no y no! Debemos romper ese paradigma, no tragarnos ese sapo.
Como la madre que le da todo a su hijo y le exige, así debe ser el ciudadano con su voto. Al elegir, ganamos el derecho a exigir.
Entendamos algo: los congresistas no son intocables; son servidores públicos y nos deben cuentas. Sin embargo, la tarea ciudadana no termina el domingo al salir del puesto de votación, ahí apenas arranca. No podemos darles el voto y desentendernos, porque la política jamás se olvida de nosotros: decide desde el precio del mercado hasta cada paso que damos.
¡Basta ya de ver la corrupción y las investigaciones judiciales como si fueran paisaje! Basta de acostumbrarnos al olvido de nuestras comunidades. Es hora de elegir bien, pero, sobre todo, de seguirles el rastro a las decisiones públicas y no tragar entero.
No es un secreto, he observado que los candidatos regionales al Senado vienen de maquinarias y estructuras tradicionales que no son afines a mis intereses; sumado a sus padrinos políticos, no existen garantías de trabajo honesto cuando se invierten cantidades de dinero gigantes en campaña, que luego al llegar, buscan recuperar y duplicar a costa de los impuestos de la gente.
Por eso, confío en quienes se hayan posicionado como los mejores congresistas, no me gustan las falsas promesas, me gusta la evidencia, aquellos que desde el cargo han impactado a la niñez, la juventud, las mujeres, la educación y que han combatido la corrupción. En ese caso, toca mirar pa’ afuera y encontrar candidaturas serias y valientes.
Y hablando de Cámara, el partidor de los candidatos dice mucho, aunque todos (o la mayoría) tienen escándalos, hay algunas colectividades que resaltan por trabajar y escuchar, algo profundamente necesario en el departamento.
Pero para que todo esto valga la pena, debemos recordar algo fundamental: necesitamos salir a votar por el Congreso con la misma fuerza, urgencia y masividad con la que elegimos a la Presidencia.
Y les dejo una última perlita: por primera vez en la historia, vaticino que tendremos más mujeres que hombres representando a Norte de Santander en la Cámara. Un paso más que positivo.
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