Durante muchos años los países latinoamericanos se quejaron de que para los Estados Unidos éramos “su patio de atrás”. Sin embargo, sorpresivamente Trump ha cambiado la estrategia y la región se ha constituido en una de las prioridades de la política norteamericana.
No solamente realizó la asombrosa “extracción” de Maduro de Venezuela, sino que intervino en las elecciones presidenciales en Honduras y amenaza a México y a Colombia por el problema de las drogas y la presencia de carteles y de grupos armados en sus territorios.
Al mismo tiempo comienza a dar señales sobre Cuba. Sorpresivamente acaba de expedir una decisión, con efectos impredecibles, afirmando que Cuba representa una amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad de los Estados Unidos y declarando una emergencia nacional respecto a Cuba. Igualmente anuncia aranceles para los países que le vendan petróleo.
Trump está forzando una “implosión” en Cuba, que está atravesando uno de los períodos más complicados desde el triunfo de la revolución en 1959. El problema es que ahora no cuenta con la ayuda rusa, ni con la de Venezuela.
La “extracción” de Maduro además, destapó lo que era un secreto a voces: la abierta intervención cubana en Venezuela, que llegó hasta el punto de que un contingente de las fuerzas armadas cubanas estaba estacionado en el país. Incluso generales cubanos, participaban en los consejos de ministros en Caracas, lo que generó la indignación de muchos militares venezolanos. Sobra decir que la educación, la atención médica, las notarías y otros ramos de la función pública, estaban en manos cubanas.
Este singular entendimiento se desarrolló a partir de la posesión de Chávez como presidente y continuó durante el régimen madurista. Cuba estaba en una condición muy precaria, no sólo debido a la mala administración, sino al fracaso del sistema socialista y al colapso de su economía, al que contribuyó el bloqueo norteamericano. Entonces apareció la mano milagrosa de Chávez que salvó a los cubanos del colapso.
Castro consideraba que Chávez era “el que debía empuñar la bandera del socialismo en el continente”. Un lema que continuó Maduro, que fue ungido por La Habana como el sucesor de Chávez.
Fidel Castro, un caudillo inteligente y sagaz logró, con tinte heroico, no sólo el apoyo de la población que quedó en la isla, sino de buena parte de la comunidad internacional. Se decía que la isla le quedó chiquita y participó militarmente en lugares tan distantes como Angola y Etiopía. Se metió también en América Latina, empezando por Colombia.
Sin embargo, ahora, con la desaparición de Fidel y el retiro de su hermano Raúl, así como con la crisis venezolana y la actitud de Trump y de su Secretario de Estado de ancestro cubano, Cuba entró en una dramática situación.
Algunos consideran que después de Venezuela le ha llegado el turno a Cuba. Sin embargo, la situación cubana es diferente de la de Venezuela. En Cuba la represión sin contemplaciones a la oposición se hizo desde el primer momento y el gobierno de la isla, quedó en manos de Fidel, un verdadero caudillo, con un grupo de antiguos colegas de lucha en la Sierra Maestra.
Ahora la nueva directriz de Trump, es un esfuerzo para generar una “implosión” en Cuba que, en los tiempos de Fidel Castro, era impensable.
Veremos qué pasa.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
