1. El pasado 26 de diciembre de 2025, cuando estábamos distraídos con la festividad navideña, el Grupo de Mecanismos de Participación Ciudadana, del Ministerio del Interior, recibió la solicitud de una nueva constituyente. Y parece que esta vez el príncipe va con toda, avalado con el ministro del Interior Antonio Sanguino: el 30 de enero la Registraduría Nacional expidió la resolución 1117 con lo cual se inició el proceso para la "Convocatoria a la asamblea nacional constituyente en Colombia" y esta nueva cita se “fundamenta en la necesidad de reformas estructurales en salud, educación, trabajo y economía”.
La Registraduría ya avaló la inscripción del Comité promotor de la asamblea nacional constituyente. Ahora empieza el proceso de recolección de firmas y si son validadas se puede presentar el proyecto al Congreso de la República.
En su Derecho constitucional colombiano nos dice Jacobo Pérez Escobar que ninguna reforma constitucional es aplicable si no es consensuada por las fuerzas políticas mayoritarias. La prueba está en que la Constitución de 1886 inicialmente tuvo problemas en su aplicación porque se ignoró una formación política: El liberalismo. Esta Carta empezó a tener vigencia real cuando de ella se eliminaron elementos autoritarios y los colombianos dejaron de verla como el triunfo de los vencedores sobre los vencidos, y esto sólo se logró en 1910. ¿Por qué el Frente Nacional tuvo aceptación general? Porque fue convenido por los patriarcas de los partidos políticos mayoritarios y luego sometido al llamado plebiscito. ¿Tuvo contradictores? Sí, señor.
Alfonso López Michelsen se inventó el MRL contra el Pacto de Sitges y Benidorm. Su eslogan: “Pasajeros de la revolución, favor pasar a bordo”. Y cuando negoció con el presidente Carlos Lleras Restrepo regresar al viejo caserón liberal y lo nombró primer gobernador del Cesar, dejó al garete a todos aquellos que osaron “pasar a bordo”. La Carta de 1991 superó todas las expectativas de participación. Ahora no les sirve a sus promotores principales.
2. Cuando me preguntan cuántos y quiénes son los presidentes de la República oriundos del caribe colombiano, respondo: Juan José Nieto Gil, José María Campo Serrano -quien sancionó la Constitución de 1886-, Rafael Wenceslao Núñez Moledo y el señor Gustavo Petro, si es cierto que nació en Ciénaga de Oro, Córdoba. Con él nunca se sabe. Un buen amigo cartagenero publicó hace años un artículo donde contabiliza 13 presidentes de la región caribe. En un libro de reciente publicación, autoría del historiador económico Adolfo Meisel Roca, titulado ¿Por qué perdió la Costa Caribe el siglo XX?, el autor responde que, entre otras causas, “la escasa y a la vez decreciente influencia política costeña en la conducción del Estado colombiano”. Lo mismo que nosotros.
El barranquillero Luis Eduardo Nieto Arteta, en su libro El café en la sociedad colombiana, dice que “la expansión del grano alentó el ascenso político de las regiones productoras. El occidente colombiano, tan relegado en el siglo XIX, adquirió presencia en los asuntos del Estado. Se hizo clara la influencia de presidentes, ministros, banqueros, industriales y financistas provenientes de Antioquia, Caldas, Tolima y el Valle del Cauca”. Hoy, la esperanza de un electorado costeño nada despreciable es Abelardo de la Espriella, llamado “El Tigre”, fundador del movimiento político Defensores de la Patria y su eslogan es muy nacionalista: ¡Firme por la patria! Nosotros seguimos esperando que en nuestro medio surja otra figura política de talla nacional y "de vedá vedá", como dicen en el caribe colombiano.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
