
Los problemas que afectan a los colombianos no son nuevos. Esa suma de males corresponde a las erradas políticas de quienes han tenido el manejo de la nación. Es el resultado de la concepción clasista de la sociedad, dividida entre quienes han acaparado los bienes colectivos para su enriquecimiento particular y los excluidos, sin reconocimiento de sus derechos.
La propiedad de la tierra en Colombia es un factor de perturbación. El manejo feudal predominante ha anulado sus posibilidades productivas y ha permitido el abuso de la expropiación, generando desplazamiento y pobreza, además de convertirse en caldo de cultivo de la violencia. La lucha armada se nutre de esa savia, pero los progenitores de ese mal son indiferentes a tal calamidad.
La agudización de las necesidades insatisfechas de la comunidad nacional impone un cambio de rumbo. Algo que se viene advirtiendo desde hace tiempo, pero para lo cual la receptividad de quienes tienen el manejo del poder no cuenta, comenzando por el Congreso, que tiene origen popular.
Las iniciativas tendientes a mejorar las condiciones de vida de la población acosada por tantas carencias son generalmente negadas por los llamados padres de la patria, mientras legislan en beneficio de círculos privilegiados.
Es oportuno ahora plantear algunas preguntas a quienes se la pasan justificando la desigualdad en el país.
Algunas preguntas:
¿Qué de malo tiene generalizar el servicio de salud a toda la población nacional, hacerlo eficiente, con la garantía de que sea oportuno y se reconozca como un derecho social fundamental?
¿Qué de malo tiene dinamizar el régimen pensional, poniéndolo al alcance de todos los que hayan trabajado? Es de justicia que a esa remuneración tengan acceso quienes cumplieron su existencia laboral. Las estrecheces predominantes no pueden seguir haciendo parte del acervo institucional de la nación y por consiguiente se requiere la reforma
que corrija los vacíos existentes.
¿Qué de malo tiene reconocerle a los trabajadores los derechos laborales que les quitaron y mejorar su remuneración a fin de que puedan vivir sin tanto déficit?
¿Qué de malo tiene hacer el tránsito a las energías limpias y promover un medio ambiente libre de tanta contaminación? ¿O abogar por la protección de los recursos naturales y cerrarle el paso a la deforestación?
¿Qué de malo tiene proponer el fortalecimiento de la educación y ampliar la cobertura en el nivel superior para cerrar las brechas existentes en ese campo para ponerle fin a la frustración de la juventud cuando no encuentra apoyo en sus proyectos de vida?
¿Qué de malo tiene comprometerse en la construcción de la paz no solamente con la desmovilización de los grupos armados sino con la consolidación de una democracia que le aporte a Colombia una identidad surtida de posibilidades renovadoras?
¿Qué de malo tiene promover a Colombia como potencia de la vida, erradicando el odio y admitiendo que se puede convivir aun siendo diferentes?
¿Qué de malo tiene denunciar la corrupción y los vicios o las trampas en el ejercicio de la política?
Hay que alinearse para contribuir al cabio de rumbo del país.
Puntada
No se puede perder de vista que el Catatumbo es prioridad no solamente regional sino nacional.
ciceronflorezm@gmail.com
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