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Petro, el responsable es USTED
Este carrusel de funcionarios provocó un colapso operativo y financiero que no se limita a la Nueva EPS, sino que se repite en todas las entidades intervenidas por el Gobierno.
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Lunes, 2 de Febrero de 2026

El plan para estatizar la salud en Colombia no fue una improvisación ni un error de ejecución: fue una estrategia calculada desde la campaña de Gustavo Petro. 

El objetivo no era corregir fallas del sistema, sino destruirlo para imponer una visión ideológica, sin importar el costo humano. Para ello, el presidente nombró a Carolina Corcho y luego a Guillermo Alfonso Jaramillo con una misión explícita: provocar una crisis que justificara el desmonte del modelo vigente.

Bajo esa lógica, el Gobierno inició una ofensiva para tomar el control de la Nueva EPS, extorsionando a las cajas de compensación y empujando al país de regreso al modelo fallido y corrupto del antiguo Seguro Social.

El desastre se consolidó con el nombramiento de Aldo Cadena como gerente de la Nueva EPS, un funcionario cuyo antecedente más visible era haber quebrado Capital Salud en Bogotá. Desde ese momento, la gestión se convirtió en un caos permanente: cuatro interventores en apenas dos años, sin continuidad, sin control y sin resultados. 

Este carrusel de funcionarios provocó un colapso operativo y financiero que no se limita a la Nueva EPS, sino que se repite en todas las entidades intervenidas por el Gobierno. En ninguna mejoró el servicio, en ninguna se sanearon las finanzas y lo único que se multiplicó fueron los escándalos de corrupción, el número de quejas, la falta de atención y las muertes.

Aquí está el punto central: el responsable directo de este colapso es Gustavo Petro. No basta con decir que los interventores resultaron ser unos bandidos. El problema de fondo es que el presidente falló en lo elemental como líder y como administrador. Si la salud era —como él mismo lo afirmó— la gran apuesta de su gobierno, era su obligación tener un plan estratégico con una sola sombrilla de mando y control técnico permanente desde la Presidencia.

Pero nada de eso existió. No hubo hoja de ruta ni evaluaciones periódicas que permitieran corregir fallas a tiempo, porque nunca les interesó que el sistema funcionara. La ausencia de ese diseño técnico demuestra que el verdadero plan no era salvar la salud, sino desmantelarla; todo lo que vemos hoy es la consecuencia directa de esa improvisación deliberada.

Este escenario de desgobierno cobra relevancia tras lo ocurrido esta semana. El presidente, fiel a su costumbre de desmarcarse de los desastres que él mismo provoca, intentó lavarse las manos de lo que están sufriendo los colombianos y culpar a Laura Sarabia por los nombramientos de los interventores que han resultado corruptos, queriendo hacernos creer que su mano derecha de ese entonces le “metió un gol”.

Pero los hechos lo contradicen. Este escándalo se destapó hace un año tras la denuncia de la valiente periodista Paula Bolívar. En ese momento, el entonces superintendente de Salud, Luis Carlos Leal, reconoció que las hojas de vida fueron entregadas por Sarabia por orden directa del presidente. Esto fue público; salió en todos los medios y en las redes para que hoy Petro diga que se está enterando hasta ahora.

Por eso la gran pregunta es: ¿por qué no la denunció cuando lo supo, si era cierto que ella entregó unas hojas de vida de personas inescrupulosas a nombre de él? Y, peor aún, la premió con la Cancillería.

La pregunta es inevitable: ¿qué sabe Laura Sarabia para ser intocable? ¿Será cierto, como advirtió Benedetti, que,si cae uno, caen todos?

A estas alturas, resulta incomprensible que aún haya quienes se sorprendan por este nivel de corrupción. Petro se rodeó desde el primer día de lo peor de la clase política. ¿Cómo pueden seguir creyendo en el relato del “Petro víctima” cuando todo su primer anillo está investigado, imputado o prófugo? 

Por su parte, Luis Carlos Leal intenta excusarse diciendo que “solo obedeció órdenes”, como si un funcionario público no estuviera obligado a responder primero a la Constitución y a la ley, y no a los caprichos de un gobierno.

Esta pelea interna apenas comienza y no dejará títere con cabeza. Pero mientras ellos se cubren entre sí para sobrevivir políticamente, los pacientes se están muriendo.
Así terminó el Gobierno de la ‘potencia mundial de la vida’.


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