El panorama para Norte de Santander en temas democráticos es cada vez más desalentador, la frase de que el pueblo se merece a sus dirigentes, debería ser al revés: el pueblo de Norte de Santander no se merece a los dirigentes que tiene, no se merece a la mayoría de candidatos que hoy vuelven a salir al ruedo electoral a repetir periodo constitucional en un poder tan importante como el legislativo, y unos nuevos candidatos, en su mayoría, con las mismas prácticas de política violenta que caracteriza a los clanes politiqueros que han “representado a la región”.
Son muy pocos los decentes que muestran coherencia en sus propuestas y que se les ve total claridad sobre la función de una curul en el congreso pensando en región, en especial en los territorios más afectados por la violencia estructural que históricamente los ha afectado, curiosamente son estos territorios, en su mayoría rurales los que tienen los recursos para lograr que Norte sea otro en términos de cultura, Paz y desarrollo, pero irónicamente sus umbrales electorales no son atractivos para la mayoría que ostentan el poder llegando a ocupar una silla en el congreso.
Sin embargo, la crisis electoral no es solo esta, ni la lamentable situación efecto de transformación del conflicto armado por el que pasa Norte de Santander, que condiciona la participación de los ciudadanos del Catatumbo, campesinos víctimas del conflicto armado, firmantes de Paz, entre otros, que difícilmente podrán elegir su curul de Paz, ni la cantidad de recursos desmesurados y sin control alguno que se mueven en campañas desproporcionadas, sumado a la gran abstención que tiene la región, pues de los 659.655 ciudadanos en Cúcuta que están habilitados para votar, seguramente un poco más de la mitad votará este domingo, umbral electoral que en su mayoría elige con el estomago vacío, coaccionados por los politiqueros que administran las oportunidades de empleo en cada período, de este atractivo caudal electoral en su mayoría elige sin pensar en los territorios históricamente oprimidos por las diferentes formas de violencia que se ciñen en la región, ningún voto es pensado en solucionar los problemas de la frontera, menos en garantizar los derechos colectivos y de medio ambiente que reclama año a año Santurbán y mucho menos en que el Catatumbo logre implementar el acuerdo de Paz.
Sumado a lo anterior una gran crisis, el analfabetismo democrático que abunda en la región, de estos votantes, la gran mayoría ni sabe qué es eso de la estructura estatal, la importancia de los tres poderes, votan sin comprender la función del congreso, ni en qué se diferencia la cámara, del senado, son muy pocos los candidatos que se esmeran por hacer pedagogía y llevar a sus votantes con conocimientos básicos en estos conceptos, que ayudan a crear la conciencia necesaria para participar con coherencia en las urnas.
Esta, es una de las razones por la que la mayoría de candidatos solo se esmeran en dar lastima con sus historias de vida, o en promover propuestas que para nada tienen que ver con la función de un congresista, esta crisis democrática sigue pasando una cuenta de cobro que afecta aún más los territorios menos favorecidos, cuenta impagable que se cobra año tras año en la crisis económica y estructural que no permite que esta región brille.
Crisis electoral que indica que el derecho a la participación en esta región es una crisis ética y estética, que se podrá contemplar el domingo con el simple hecho de ver que el lapicero deberá estar amarrado a la urna para que no se lo roben.
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