Los dados se lanzaron. Rodaron por la mesa mientras los espectadores observaban con detenimiento el avance entre salto y salto; solo faltaba esperar la inequívoca suerte del destino cuando estos se detuvieran. Tras conocerse los resultados del 8 de marzo, empezó realmente la competencia por la Presidencia de Colombia; no solo por el desempeño de cada colectividad, sino por los tan esperados resultados de las consultas presidenciales.
Lo verdaderamente interesante surge del análisis de los "desinflados" de la jornada. Roy Barreras, quien apostó por una narrativa de moderación, no logró sortear el boicot estratégico de su propio sector: la orden de no participar en la consulta desde las trincheras del Gobierno frenó su avanzada.
No obstante, su movimiento no es erróneo; en una segunda vuelta, la capacidad de atraer sectoresmenos extremos será la variable decisoria. Caso contrario al de Daniel Quintero, cuyo vuelo resultó de corto alcance; sus propuestas se desdibujaron entre errores políticos que parecen haber sepultado su aspiración presidencial.
En el centro, Claudia López demostró que su capital político resiste, aunque su fuerza se vio diezmada por la irrupción de Daniel Oviedo, la estrella de la jornada.
Oviedo encarnó una construcción de narrativa efectiva, evolucionando del técnico al personaje político con un éxito de 1,2 millones de votos. La verdadera maestría estratégica se consolidó cuando todos los participantes de su consulta decidieron mantenerse unidos, confirmando a Oviedo como la fórmula vicepresidencial de laganadora, Paloma Valencia.
Valencia, tras un año crítico para el Centro Democrático, logró girar la narrativa y capitalizar sectores del centro político. Ahora, junto a Oviedo, se planta como una alternativa competitiva frente a Iván Cepeda, quien se consolida como el candidato más purista del Pacto Histórico.
En este punto, llegamos a la parte fundamental: los números. Es de ellos esta dictadura porque no mienten ni ocultan, solo se interpretan. Son el resultado de cada estrategia tejida en la sombra.
Los grandes electores decidieron medirse y las encuestas ya reaccionaron. Las narrativas están construidas: Iván Cepeda se consolida como el candidato más purista ideológicamente respecto al proyecto del Pacto Histórico; Abelardo abandera la visión más a la derecha del espectro,desmarcándose de una imagen puramente política; Paloma y la consulta, por el contrario, se disputan la centro-derecha, esa que es capaz de competirle a Fajardo en su propio terreno y plantarse como una alternativa competitiva frente a Cepeda en segunda vuelta.
Firmas como Atlas Intel, CNC y GAD3 han consolidado la fotografía de esta maratónica campaña. Cepeda, Abelardo y Valencia son los tres punteros, y a falta de poco más de un mes, el camino hacia la primera vuelta parece trazado.
El "cincuenta por ciento más uno" es la fórmula con la que sueña Cepeda: aproximadamente 12 millones de votos. Esa es la cifra que definiría una Presidencia en primera vuelta. Sin embargo, los números no favorecen esa hipótesis y, repitiendo cíclicamente el pasado, el puntero se encontraráprobablemente entre los 7 y 8 millones de votos.
El destino de los dados queda a la deriva,esperando ser lanzados el 31 de mayo, mientras los espectadores aguardan ansiosos la jugada final en medio del silencio de la urna.
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