En medio de la absurda disputa arancelaria iniciada por Noboa, las relaciones con el Ecuador se están deteriorando progresivamente. Desde Quito se ha señalado que los grupos narcoterroristas que operan en el Cauca, Nariño y Putumayo pasan a territorio ecuatoriano, ante la falta de una acción decidida de Colombia.
Casi a diario surge un nuevo episodio que agrava el clima político: declaraciones de Noboa contra Petro, cuestionamientos sobre la permanencia del mandatario colombiano en Manta, o versiones sobre un supuesto bombardeo ecuatoriano en nuestro territorio.
Petro ha afirmado que su homólogo ecuatoriano pensaba fingir un atentado para responsabilizarlo y provocar una reacción internacional en su contra. También sostuvo que la dinamita utilizada en los actos terroristas en el suroccidente colombiano, habría venido del Ecuador. Antes Petro afirmó que Jorge Glas, ex vicepresidente detenido por corrupción es un preso político. Ahora Noboa afirma que el gobierno está impulsando en el ingreso de grupos armados a su país.
Con frecuencia se invoca la tradicional amistad entre Colombia y Ecuador. No obstante, la relación bilateral ha atravesado serios periodos de tensión.
En el siglo XIX, el presidente ecuatoriano Juan José Flores envió tropas a Nariño y al Cauca con el argumento de que habían solicitado su incorporación al Ecuador, dada la inseguridad y el desorden que reinaba en sus territorios. Obando y Mosquera las rechazaron.
En 1916 se firmó un tratado de límites en el cual Ecuador cedió a Colombia un amplio territorio al sur del río Putumayo, que Colombia reconoció al Perú, el rival del Ecuador, seis años después. Ecuador rompió relaciones.
Desde finales de la década de los noventa, miles de colombianos amenazados por grupos armados, se desplazaron hacia el Ecuador: profesionales, empresarios y mano de obra calificada. Pero también bandidos que afectaron la seguridad en ciudades ecuatorianas.
En 2008, Ecuador demandó a Colombia ante la Corte Internacional de Justicia por las aspersiones aéreas realizadas en la margen colombiana del río Putumayo. Sin embargo, la demanda se debió a que un destacamento colombiano destruyó un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano. No nos denunció por eso, porque en los computadores incautados en la operación, había evidencia de que el grupo guerrillero había contribuido a la campaña del mandatario ecuatoriano, Rafael Correa.
Mediante negociaciones discretas, no sólo el Ecuador retiró la demanda, sino que se perfeccionó la frontera marítima común y se estableció una sólida cooperación entre los dos países.
El mundo quedó impactado por el asesinato de un candidato presidencial ecuatoriano por sicarios colombianos. Estos grupos siguen delinquiendo desde cárceles en el Ecuador, como sucede en Colombia. Noboa llegó a mencionar la posibilidad de trasladarlos al departamento de Nariño.
En la coyuntura actual, quienes sufren las consecuencias de esta situación son los habitantes a uno y otro lado de la frontera. Independientemente de quien sea el próximo presidente de Colombia, la cooperación activa y amistosa debe restablecerse y las heridas restañarse.
Todas las diferencias se han superado: los gobiernos no pueden darse el lujo de ignorar tan explosiva situación.
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