Es urgente abordar el tema de la agitación estudiantil en las universidades públicas del país, pues al no existir unas claras directrices y un liderazgo razonable, nos encontramos en un escenario de perturbación permanente, que más allá de una protesta se extiende a presencia de encapuchados, a destrozos en las instalaciones y a la aparición de dañó físico en algunas personas, además de los consabidos obstáculos en las vías públicas que generan toda clase de trastornos en la movilidad y en la paz de los ciudadanos que nada tienen qué ver.
Y más allá de los disturbios, está también el preocupante problema de la interrupción de las clases y de la imposibilidad de desarrollar a cabalidad las funciones administrativas.
No resulta normal, en ninguna parte del mundo, que los centros de educación se vean permanentemente involucrados en problemas de orden público, que además signifiquen daños materiales y suspensión permanente de la actividad académica, con el trauma que representa no dictarse las clases, acumular los temarios a desarrollar y reprogramar actividades que resulta complicado volverlas a encajar dentro de la estreches de los tiempos.
El término “autonomía universitaria” no ha sido, ni suficientemente explicado en cuanto a sus alcances, ni completamente entendido por parte de la comunidad universitaria, lo que sugiere a aplicar un ejercicio que permita definir los parámetros, clarificar las estructuras y señalar el campo de actuación de cada uno de los actores, que son: gobierno, directivos, profesores, estudiantes y personal administrativo.
Un solo sector no puede apropiarse de las decisiones, ni de la definición de las políticas al interior de los claustros educativos. La institucionalidad tiene que tener en cuenta a todos los actores, y más si se trata en el sector educativo, que tiene que dar ejemplo de buen comportamiento, de razonabilidad para discutir y llegar a acuerdos, de identificación de objetivos y de sindéresis a la hora de actuar.
Los claustros universitarios son una caja de resonancia para el resto del país. Lo que allí se discute y la forma como se actúa, tiene que ser un ejemplo para el resto de los ciudadanos, pues allí está el conocimiento y allí deben estar los más altos referentes.
Pasar por el frente de una universidad debe constituir un hecho amable, motivador y lleno de mucha reflexión; pero lo que estamos viento es que se ha convertido en un situación azarosa, complicada, perturbadora, y hasta arriesgada por el peligro que se puede derivar de los disturbios.
La no identificación clara de las reglas, conduce al anarquismo, en donde cada cual interpreta a su manera la normativa, y además reacciona abruptamente, tal como lo estamos observando en los últimos tiempos.
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