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Hay que darle una vuelta
Otro de los puntos de discordia radica en el objetivo de estas presentaciones.
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Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Por obvias razones, tener la oportunidad de conocer a los ganadores del Premio Pulitzer cuando se vive fuera de los Estados Unidos es una labor tremendamente complicada. Incluso hay textos galardonados que ni siquiera se traducen al español, como es el caso de Night Watch de Jayne Anne Phillips (Pulitzer 2024), y algunos que lo hacen fueron escritos por autores tan apegados a su territorio que simplemente no les interesa salir a promocionarlos a otras latitudes donde nada se les ha perdido. Un pasotismo reacio a la globalización que, aunque respetable, limita considerablemente las chances de los interesados en adentrarnos un poco más en el frenético mundo de la literatura norteamericana.

Por ello, cuando en mi último viaje a Nueva York los astros se alinearon para que en la misma semana pasaran por la ciudad los autores de “Las Horas” (Michael Cunningham, Pulitzer 1999), “Las Asombrosas Aventuras de Kavalier y Clay” (Michael Chabón, Pulitzer 2001) y “El Simpatizante” (Viet Thanh Nguyen, Pulitzer 2016), le propuse a mi novia una maratónica triple cita con todos ellos, que aceptó gustosamente. A la salida del último de dichos encuentros, y mientras nos tomábamos un vino paseando por la fabulosa librería McNally Jackson junto al East River, intercambiamos notas sobre nuestras impresiones tras tal aventura plusmarquista y llegamos a conclusiones absolutamente explosivas.

La primera, y tal vez la más triste de todas, es que los eventos literarios continúan presumiendo de cierta petulancia esnob que aísla al hobby de la lectura de los ojos de aquellos participantes menos frecuentes y le hace un flaco favor a la industria, pues espanta a los nuevos consumidores que, al partir de la absoluta ignorancia editorial (como todos arrancamos alguna vez), se ven abrumados por el elitismo que destilan estas actividades. Dada la vasta producción que existe en el mercado, una de las principales barreras para iniciarse en la lectura es el no saber por dónde empezar y la vergüenza del qué dirán por ello, lo que automáticamente auspicia el surgimiento de una cierta fatiga similar a la de llegar el lunes a la oficina y tener 200 mensajes sin leer en la bandeja de entrada.

Otro de los puntos de discordia radica en el objetivo de estas presentaciones. ¿Es la materialización final del sueño groupie de un club de lectura? Porque de ser así estaremos ante un público sumiso que se reirá de todas las bromas del escritor, incluso de las más flojas, y del que constantemente lloverán adulaciones para caer bien. ¿Es el anuncio publicitario de un fabricante que quiere convencernos de comprar su nuevo producto? En ese caso el público asume un rol de poder donde exigirá una gran actuacióndel invitado y le premiará adquiriendo la novela si logra convencerle. ¿Es una pachanga de amigos donde el tiempo lo acaparan los allegados de la invitada con chistes privados que sólo entienden entre ellos? Entonces hagan un ágape a puerta cerrada y dejémonos de vainas.

Para asegurarnos un futuro con buena salud para estos eventos, hay que darle una vuelta al concepto de los mismos.


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