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Fouché o la política sin alma: una miradaelectoral
“La corrupción de nuestros sentimientos morales es siempre el resultado de la corrupción de nuestras instituciones”, Adam Smith .
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Miércoles, 11 de Febrero de 2026

En el actual escenario electoral nacional y regional, resalta como arquetipo “Jungniano” distorsionado y de polaridad negativa, el “Fouché”. Que representa ese arte camaleónico sin cotos morales y éticos, y con desplazamientos y rotaciones políticas e ideológicas producto delcinismo.Stefan Zweig no escribió Fouché, el genio tenebroso para exaltar a un villano, sino para incomodar al lector. Su propósito era más inquieto: mostrar que la política real no suele estar gobernada por héroes, sino por hombres “de segundo término”, amorales, fríos y sumamante eficaces. El genio tenebroso dice Zweig, fue “el único en sobrevivir a todos”, no por convicción, sino por adaptación.

Joseph Fouché no creía en ideologías; creía en mayorías. No defendía causas; administraba fuerzas. Cambió de sotana a escarapela, de revolucionario a ministro imperial, de jacobino feroz a duque monárquico sin el menor asomo de sonrojo. Zweig lo define con una frase demoledora: no tenía carácter, sino una “admirable y persistente falta de carácter”. Esa es su genialidad oscura.

Lo inquietante no es Fouché en la Francia revolucionaria. Lo inquietante es su actualidad. En Colombia, y con especial nitidez en territorios como Norte de Santander, el fouchismo no es excepción: es método. Políticos que hoy agitan el lenguaje de la seguridad y mañana el de la justicia social; que ayer juraban fidelidad a una ideología y hoy la denuncian como error juvenil; que no cambian por reflexión, sino por cálculo.

Zweig advierte algo que resulta vigente: “en la vida real de la política no deciden los hombres de convicciones, sino los jugadores profesionales, los artistas de manos ligeras y nervios fríos”. En otras palabras, la política no la gobierna el idealismo, sino la astucia, y utilitarismo protervo. Y eso explica por qué, en tiempos electorales, emergen los discursos ambiguos, los silencios estratégicos y las alianzas contra natura.

Norte de Santander es un laboratorio perfecto para este fenómeno. Frontera, crisis económica persistente, economías ilegales, debilidad institucional y dependencia del centro convierten la política en un ejercicio de supervivencia. Aquí, como en la Convención francesa, muchos no se preguntan qué es justo, sino dónde está la mayoría. Como Fouché, “no conocen más que un partido: el del vencedor”

Pero Zweig no escribe para justificar a Fouché, sino para advertirnos. Cuando la política se reduce a cálculo puro, el resultado no es gobernabilidad, sino cinismo. El político camaleónico puede sobrevivir a todos los regímenes, pero deja tras de sí instituciones débiles, ciudadanos descreídos y territorios condenados a repetir los mismos fracasos.

La próxima contienda electoral en Colombia ya muestra síntomas claros de este mal: discursos reciclados, promesas sin proyecto, candidatos que se presentan como novedad pese a llevar décadas orbitando el poder. No es pragmatismo; es oportunismo. Y el problema no es que cambien de opinión, sino que nunca la tuvieron.

Fouché triunfó porque entendió el poder como una técnica sin ética. Pero esta endemia carcome, y parece inevitable, esto no es un llamado desde la montaña moral que suele alimentar la anamorfosis centrista, sino desde el lodazal de quienes estamos embarrutados en las consecuencias de esta “regularidad empírica”.Pero ese triunfo “político” deja un saldo devastador: instituciones frágiles, ciudadanos descreídos y territorios atrapados en la repetición del fracaso, un eterno retorno que condiciona, pero no determina.

No es casual que esta forma de hacer política reaparezca una y otra vez allí donde la supervivencia reemplaza al proyecto y el cálculo suplanta a la convicción. Como advirtió Hannah Arendt, “el problema no es que la política esté llena de mentiras, sino que se haya vuelto indiferente a la verdad”. Y cuando la política pierde toda relación con la verdad, no gobierna: administra ruinas.


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