Al presidente Petro después de su polémica declaración sobre los miembros del Tren de Aragua le llovieron críticas, sin embargo, considero que en el fondo es válido, aunque su exceso de retórica le juegue en contra, aún más su poco o nulo trabajo lo dejan sin fuerza para realizar semejante afirmación.
El presidente Petro afirmó en un evento público que los jóvenes que integran el Tren de Aragua son excluidos, además “Si tratamos con violencia a los excluidos, responderán con violencia” y que tratarlos con amor implica quitar la exclusión.
Ahora bien, debemos entender que significa esto, teniendo en cuenta a Pierre Bourdieu, la exclusión funciona en forma de círculos, donde quienes más oportunidades o recursos tienen están en el centro, a medida que una persona carece de algún capital se va alejando de ese primer círculo central, hasta llegar a los marginados completamente a quienes les faltan capital económico y, por tanto, capital cultural y capital social.
Lo realmente impactante es que los excluidos son presa de la criminalidad. En las periferias, donde el hambre y la inestabilidad emocional son el día a día, no existe el “proyecto de vida” que idealizan los privilegiados. Allí, la violencia surge como respuesta lógica a un sistema que niega oportunidades. Rousseau lo advirtió en 1755: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad que lo corrompe”.
Su frase resuena hoy cuando vemos cómo jóvenes marginados, sin acceso a educación o empleo, son reclutados por el Tren de Aragua, el ELN, las disidencias de las FARC o el Clan del Golfo. Estos grupos explotan su desesperación, prometiéndoles dinero rápido y bienes a cambio de ampliar sus frentes criminales. La conclusión es clara: la exclusión no solo genera violencia, sino que construye un caldo de cultivo para que el crimen organizado perpetúe su poder.
Pero ¿cómo así que amor y afecto? El amor en política se demuestra con proyectos e inversión pública. En este caso, para prevenir el reclutamiento de menores y para ofrecer oportunidades reales, es aquí donde falla el mandatario.
En Colombia, el 42.5% de la población vive en pobreza monetaria (DANE, 2023), pero en zonas como el Catatumbo, la cifra supera el 60%. Allí, los jóvenes no solo carecen de capital económico: el 68% de los reclutados abandonaron la escuela (Defensoría, 2022), y el 35% huyó de violencia intrafamiliar (ICBF).
Con estas cifras uno esperaría que ese amor, esa retórica pase a la inversión, pero la realidad es otra:
El presupuesto para infancia y adolescencia en 2024 es el más bajo en una década (7.2 billones de pesos, frente a 10.3 billones en 2022), y programas como Jóvenes en Paz no han logrado ese impacto esperado por su mal manejo en el moribundo Ministerio de Igualdad. Por otro lado, el presupuesto de la Defensoría del Pueblo en términos reales aumentó nominalmente menos del 1%, se supone que está es la entidad encargada de alertas y quien tiene un papel fundamental en la prevención del reclutamiento, pero no está ese amor, esa inversión que tanto predica el presidente Petro.
Entonces, la prioridad deben ser aquellos espacios con riesgo alto y extremo de reclutamiento de jóvenes, además que en el diseño de estrategias se tengan en cuenta los criterios de marginación. También para quienes ya están en las estructuras, se podría pensar en justicia restaurativa, que merece un mayor análisis, pero que va en la misma vía de la inclusión.
Por último, dos llamados, primero al presidente que se excede en su retórica y su gobierno no trabaja, segundo, a la sociedad en general, romper la exclusión es responsabilidad de todos, más aún, de los privilegiados.
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