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El verdadero salario que retiene al talento: bienestar, propósito y cuidado
Como economista, me preocupa el costo invisible de este descontento. Cada vez que un empleado talentoso se va, la empresa pierde conocimiento, experiencia y clima laboral.
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Sábado, 15 de Noviembre de 2025

En los últimos meses, varios titulares han coincidido en un diagnóstico preocupante: las empresas colombianas están perdiendo talento más rápido de lo que logran atraerlo. Según el DANE, cerca del 30% de los trabajadores del país se sienten inconformes con su empleo y buscan otra oportunidad. No se trata de desempleo, sino de un fenómeno más sutil y costoso: el subempleo subjetivo. En palabras simples, son personas que, aunque trabajan, se sienten atrapadas, sin motivación ni bienestar.

Ante la pregunta: “¿Por qué las empresas pierden talento?”, se plantea una verdad que muchas organizaciones aún no asumen: el talento no se va por un salario más alto, sino porque no se siente valorado. Esta desconexión emocional entre la empresa y su gente está creando una fuga silenciosa que debilita la productividad y erosiona la cultura interna.

Lo mismo ocurre con la llamada “renuncia silenciosa”, documentada por muchos medios de comunicación, donde más de un millón de personas en Bogotá admiten estar desmotivadas en sus trabajos. No renuncian formalmente, pero lo hacen emocionalmente: cumplen con lo mínimo, sin compromiso ni entusiasmo. Esa es una señal de alerta que va más allá del recurso humano; es un síntoma de una crisis de liderazgo y propósito.

Como economista, me preocupa el costo invisible de este descontento. Cada vez que un empleado talentoso se va, la empresa pierde conocimiento, experiencia y clima laboral. Y como comunicador, me preocupa aún más el mensaje que muchas compañías siguen transmitiendo sin decirlo: “te pago, pero no te cuido”. Esa narrativa ya no funciona. Hoy, el salario económico es solo una parte del contrato; la otra, y quizás la más importante, es el salario emocional.

El salario emocional no es un lujo corporativo ni un concepto de moda. Es la base sobre la cual se construye la lealtad laboral. Y eso incluye bienestar mental, flexibilidad, reconocimiento y propósito. En un país donde el 82% de los trabajadores manifiesta preocupación por su salud mental (según Forbes Colombia), ignorar este tema es un riesgo empresarial.

La reciente Ley 2460 de 2025, que obliga a las empresas a implementar políticas de bienestar psicológico y emocional, marca un punto de inflexión. Sin embargo, muchas pequeñas y medianas empresas enfrentan una realidad distinta: no cuentan con departamentos de recursos humanos robustos ni presupuestos millonarios. Y es allí donde surgen soluciones como Mutuo, una plataforma digital que permite democratizar el bienestar.

Mutuo ofrece a las PYMES acceso a servicios de telepsicología, telemedicina y telenutrición, junto con academias de bienestar y hábitos saludables. Es una respuesta inteligente y práctica para cumplir con la ley y, al mismo tiempo, cuidar genuinamente de las personas. En términos económicos, convierte un gasto en una inversión: menos rotación, más productividad y una cultura laboral más sólida.

Pero más allá de la herramienta, lo que está en juego es la mentalidad. Las empresas que entiendan que el bienestar no es un costo, sino una estrategia, serán las que logren retener a sus mejores talentos. Porque el bienestar genera compromiso, y el compromiso genera resultados.

Hoy, competir por talento no significa ofrecer el mejor sueldo, sino ofrecer el mejor entorno. Los trabajadores no buscan solo estabilidad, buscan sentido, reconocimiento y cuidado. Y cuando una organización logra transmitir eso, deja de ser un lugar de trabajo y se convierte en un espacio de pertenencia.

La nueva economía del talento no se mide por nóminas, sino por bienestar. Las empresas que no lo entiendan seguirán contratando, pero también seguirán perdiendo. Y en un mercado donde la gente ya no renuncia al trabajo, sino a la indiferencia, cuidar al equipo no es una opción: es una estrategia de supervivencia.


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