Deuda, estrategia política y tasas de interés son los tres jinetes que explican la estrepitosa caída del dólar en Colombia durante esta semana de enero de 2026. Mientras el Gobierno celebra, el mercado se pregunta si estamos ante una recuperación genuina o si simplemente estamos "vistiendo a un santo desvistiendo a otro".
La divisa arrancó el año con la misma fuerza con la que baja el agua en el Salto del Tequendama. Con una revaluación cercana al 4%, el peso colombiano se corona —irónicamente— como el "rey" de las monedas en América Latina. Sin embargo, este trono no se ganó por pura confianza inversionista; la realidad es que el Gobierno Nacional está monetizando dólares a una velocidad que haría palidecer al más ávido cambista de San Victorino. Solo la reciente emisión de 5.000 millones de dólares es un "chorro de leche" demasiado grande para un enero que apenas empieza a despertar de la resaca festiva.
En apenas dos semanas, la tasa de cambio ha pasado por encima de los niveles técnicos y psicológicos como "pedro por su casa", ubicándose en los $3.665. El pasado martes, el dólar tocó los $3.610, una cifra que no se veía en nuestras pizarras desde junio de 2021. Para los analistas, este movimiento no es un "chiripazo" ni un evento marginal; es el resultado de una combinación agresiva de política monetaria y flujos extraordinarios que están reconfigurando el mercado a corto plazo.
Incluso se rumora que la divisa podría caer hasta los $3.500. Y aunque esto suena a música para los oídos de quien quiere viajar o importar, para los exportadores y las familias que viven de las remesas, esta caída es como "comprar pan para vender pan": un negocio que no deja sino cansancio. No hay precedentes recientes de una caída tan profunda y veloz; es, en términos castizos, un "frenazo en seco" para la competitividad del país.
El diagnóstico de los expertos es unánime y carece de romanticismo: el peso se está fortaleciendo más por un exceso de oferta de dólares que por una mejora estructural de la economía real. La fuerza principal detrás de este fenómeno es la emisión histórica de deuda externa.
Esta semana, el Ministerio de Hacienda anunció la colocación de $4.950 millones de dólares en bonos globales, la operación más grande en la historia de Colombia, con vencimientos en 2029, 2031 y 2033 y un cupón promedio del 5,93%. Al parecer, la estrategia del Gobierno para este 2026 es inundar el mercado para calmar las aguas, aunque eso signifique dejarle la cuenta de cobro a las generaciones venideras.
"En fin, este 'Salto Cuántico' nos deja ante un espejismo de prosperidad financiado con tarjeta de crédito: el Presidente anuncia el éxito del modelo mientras los exportadores y cafeteros —los que sí sudan el lomo— ven cómo sus ingresos se esfuman como 'sal en el agua'. No nos llamemos a engaños; bajar el dólar inundando la casa de deudas no es soberanía económica, es simplemente hacer mercado con la plata del arriendo. Amanecerá y veremos si este salto fue hacia la cima o si, como dice el dicho, entre más alto se sube, más duro es el totazo."
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
