Todo parece indicar que navegamos por una era de choques constantes, gobernada por líderes que se creen los dueños de la verdad absoluta y que no dudan en "darle con todo" a quien ose llevarles la contraria. Es el caso de las potencias como Estados Unidos, Reino Unido, Irán y Rusia, cuyas declaraciones tienen al mundo de un cacho, mientras nosotros aquí, en la frontera, tratamos de no naufragar.
En el centro de esta oscura contienda, el presidente de Estados Unidos mantiene un liderazgo agresivo frente a Irán. Este pleito, que parece de otra galaxia, nos está desocupando el bolsillo: la inestabilidad en el transporte de gas y crudo ha disparado el costo de vida. Esta semana de abril de 2026, el Brent rozó los US$96.29, haciendo que los tiquetes aéreos cuesten "un ojo de la cara". Ante esto, hasta el Papa León XIV ha tenido que salir a pedir cordura, porque las relaciones entre el Vaticano y el Pentágono simplemente no dan pie con bola.
Pero mientras el mundo arde, aquí vivimos nuestro propio "viacrucis". En este momento, Colombia vive un impase con el gobierno ecuatoriano de Daniel Noboa, quien ha endurecido los aranceles para nuestros productos, haciendo que el comercio fluya menos que el río Pamplonita en sequía. Y ni hablemos de la gestión del presidente Petro, que sigue empeñado en vendernos un "país de maravilla" mientras el ciudadano de a pie siente que "le están vendiendo humo en bolsa".
La ironía es magistral: el Gobierno celebra que la pobreza multidimensional bajó al 9.9% (y al 13% en Norte de Santander), pero en Cúcuta sabemos que "una cosa es lo que dice el DANE y otra lo que dice el hambre". En educación, la situación es para "ponerse a llorar": mientras el Ministerio se llena la boca hablando de "universidad gratuita y para todos", los colegios en la región están "más abandonados que un lunes festivo", con infraestructuras que se caen a pedazos y una calidad educativa que parece ir en retroceso, demostrando que para este gobierno la educación es mucha carreta y poco presupuesto. ¡Qué paradoja! Hablan de "potencia mundial de la vida" mientras los jóvenes tienen que hacer milagros para terminar un semestre sin que se les caiga el techo encima.
Para completar este cuadro de incertidumbre, enfrentamos una crisis energética que nos tiene "sudando petróleo". Con reservas de gas para apenas 5 años y de crudo para 7, Petro insiste en que no necesitamos explorar más, como si la economía se fuera a mover a punta de discursos y paneles solares mal instalados. Estamos caminando por la cuerda floja y, según parece, el "cambio" resultó ser solo un cambio de bolsillo para los mismos de siempre. A nivel local lo tenemos claro: sufrimos el delirio de quien pretende surcar los cielos sin tener para el transporte básico; una gestión que nos ofrece horizontes de oro mientras navegamos en la precariedad. Al final, nos prometieron el calor del cambio, pero nos dejaron tiritando en el rincón más oscuro de este infierno de sombras.
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