
Dormir es una de esas actividades que todos damos por hecho debería ocurrir sin ningún esfuerzo y de manera natural, pero ¿alguna vez se ha detenido a pensar en lo vital que es para nuestro bienestar físico y mental? En este mundo actual, donde el ajetreo constante parece haberse vuelto la norma, el sueño se ha convertido en un lujo más que en un placer, y lo que es aún peor, mucha de la pérdida de sueño que tenemos hoy en día, es voluntaria. Las personas, aun contando con la oportunidad de conciliarlo, terminan por posponerlo haciendo otras cosas, como mirar las pantallas azules (tabletas y teléfonos).
Dormir bien no solo es importante, sino absolutamente esencial para una vida saludable y plena. Es interesante escuchar a la gente proponer rutinas de ejercicios, o dietas que les evitarán envejecer, tomar probióticos y complementos naturales, pero poco, sobre acostarse a las 9 pm, más bien, toda esta investigación sobre los productos para alargar la vida, la pueden estar haciendo en la noche, en la cama y con los teléfonos ante sus ojos. Hay que recordar que el sueño es igual o más importante que los suplementos que tanto se empeñan en consumir.
Por muchas de estas razones la “Sociedad Mundial de Sueño”, propone el día del sueño para el viernes 14 de marzo, con un lema muy interesante “Haz de la salud del sueño una prioridad”, con el objetivo de que las personas tengan presente que dormir bien, genera salud, y que no debemos olvidar esto.
Durante el sueño, nuestro cuerpo realiza una serie de procesos reparadores y regenerativos esenciales. El sueño actúa como un médico nocturno que trabaja incansablemente para mantenernos en óptimas condiciones. Es más, durante la noche se secreta una hormona conocida como melatonina que, se ha demostrado, no solo ayuda a dormir mejor, sino también en los procesos de limpieza de “radicales libres”, unos desechos de las células que pueden propiciar enfermedades graves.
Una noche de sueño debe abarcar entre 7 y 8 horas, sin embargo, esto va cambiando con la edad, y cuanto más adultos somos el tiempo de sueño nocturno probablemente disminuya, siendo compensado por algunas siestas en el día.
Pero cada día las quejas de no poder dormir siguen aumentando. Las personas acuden a sus médicos pidiendo ayuda para volver a tener aquel sueño que recuerdan en la adolescencia o en la niñez, y que desafortunadamente ahora han perdido. Se considera que este problema aumentará en los próximos años, ya que, no se hace prevención.
Las personas jóvenes, que se han acostumbrado a mirar sus dispositivos electrónicos antes de acostarse, reciben una gran cantidad de “luz azul” emitida por los teléfonos, que inhibe la secreción de melatonina y activa el cerebro para la atención y la vigilia, cuando se debería estar preparando para el reposo. Es probable que por ahora esto no lo sientan como algo que genera molestia, pero en un futuro ya no podrán dormir y descansar toda la noche de manera placentera. No se trata entonces de no ver sus teléfonos, sino de no hacerlo por lo menos 2 horas antes de acostarse a dormir.
Por eso la propuesta es tomar en consideración que un buen sueño se refleja en una buena salud en general, física y mental, y por lo menos no perderlo de manera voluntaria, hay que recordarles que dormir bien de noche requiere una preparación previa, un momento de relajación, de meditación (orar) y de bajar todo el impulso que traemos en el día, para entregarnos completamente a los brazos de Morfeo.
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